Diario de León
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EL ABANICO ROSA VILLACASTÍN
León

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E l mar, el ejercicio físico, el dolce far niente dicen que obra el milagro de aplacar a quienes parece que estén enfadados con el mundo mundial, por ejemplo, a José María Aznar. Ver al ex presidente del Gobierno del PP plácidamente tumbado en la camilla del Centro de Estética Moa, en Guadalmina Baja, en Marbella, mientras una experta le da masajes en los pies, es una imagen digna de ver. Una imagen que se repite cada verano pero que en este caluroso mes de agosto llama más la atención, si tenemos en cuenta la que está cayendo en Madrid.

Otro tanto ocurre con Felipe González para quien la Costa del Sol se ha convertido en uno de sus destinos favoritos desde que su actual mujer Mar García Vaquero, le enseñó las excelencias de este pedacito de cielo, donde puede moverse tranquilamente sin que le pidan un selfie cuando se cruzan con él en un restaurante o paseando por los alrededores de la casa donde vive. Una mansión propiedad de su cuñado Pedro Trapote, desde la que se puede tocar el mar con solo extender la mano.

Así las cosas, mucha gente se pregunta qué hubiera pasado si la gobernabilidad de España dependiera de un pacto entre Aznar y González. La respuesta es que hace tiempo que tendríamos gobierno, incluso que pese a sus diferencias abismales que tienen en la mayoría de los temas a negociar, ambos habrían echado mano de su sentido de Estado para asegurar la estabilidad económica y política de nuestro país y del pragmatismo que da la experiencia.

Para los escépticos solo remitirles a las hemerotecas, a las declaraciones de uno y otro en contra del bloqueo al que nos ha llevado el miedo escénico de Rajoy a perder la investidura y el enrocamiento de Sánchez.

Sobre la postura de Sánchez se podría escribir una tesis. Su política de fulminar a todos aquellos que podían poner en riesgo su carrera a la Moncloa, muchos de los cuales fueron sus valedores, puede empañar su carrera a la presidencia del Gobierno.

Es difícil que estos dos personajes lleguen a ningún acuerdo, aunque solo sea un acuerdo por horas, las que necesita Rajoy para ser investido presidente.

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