La putación
M e decís diputación y digo putación, dijo Sócrates... ¡!... decís di-putación y ¿no diré putación?... ¡a vuestras órdenes!
La palabra no existe, ¡pero evoca tanta cosa cierta o probable!...
El tema de las diputaciones se ha ido esguilando de la perorata electoral y de las tertulias de listos, aparentes o atrevidos... se orilla el asunto en quienes hicieron bandera de la supresión de ese tercer nivel de la enmarañada administración pública por todo lo que redundan las diputaciones en competencias impropias despilfarrando medios, gente y aparato burocrático... además, estorban... y propenden a crear redes clientelares y políticas.
Así se dejó argumentado que deben desaparecer y reasumirse en una administración racional que reduzca gastos y optimice recursos... en esta potra-idea cabalgaban al principio de su emergencia los de Ciudadanos, citoyens, allons enfants... ¿y ahora qué dicen?... se lo piensan... ven que tienen también defensores (cómo no) y comprueban, además, que son útiles en provincias... muy-muy útiles... sin ellas no se puede tener controlado un partido ni crecer en votos... ¡a ver qué alcalde se atreve a reburdiar en el partido y arriesgar el plan de infraestructuras para su pueblo! (cómo le gusta al gañán de corbatilla eso de infrastruzturas )... así que los emergentes están viendo que las diputaciones logran mejor que nadie el «o acatas o no sales en el reparto»... quien controla la diputación y a la vez su partido se perpetúa... la diputación de aquí lo demostró bien claro: aquellos presidentes que no fueron el mandamás en sus siglas duraron poquito o lo justo en el cargo.
Sócrates insiste en lo ya dicho: que no desaparezcan las diputaciones, claro, pero que se ocupen de lo propio, de la entidad e identidad de la provincia, es decir: 1, su patrimonio natural (la tierra); 2, su patrimonio histórico/monumental (la herencia); y 3, su cultura (la muerta y la viva); lo demás duplica y compete sólo a quien la Constitución se lo da y las Cortes se lo bendicen.
No puede serguirse así, clientelando; huye la «di» de dignidad y nos queda la putación. Malo. Y aburrido.