Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Otra vez el refrán dándoles en el cogote: Este mal que no mejora no es de ahora. El cacharrazo en el que andan los socialistas lo vienen trabajando desde hace largo tiempo. No es sólo guerra en las alturas entre barones, varonas y virgulillas de viejo cebolleta. Se extiende. Aquí ya se han declarado abiertas las hostialidades entre el jefe, Tino babieco, y el aspirante, Des-a-Tino cazurrés. Esta guerra es rutina; en las franquicias socialistas como esta llevan dándose pol saco las facciones desde mucho antes de que Papes armara el taco con mantecadas pactadas para quedarse con el santo, la limosna y la prelatura, que trajo el periodo de más calma porque el enemigo había sido barrido del todo y porque en ocho años de gobierno tocaba ordeñar y repartir.

Hace cuarenta años el socialismo leonés no tenía cara, eran tres y medio, ni pase tenían entre el rojerío oficiante nutrido de comunistas, platajunteros y libreoyentes. Confesarse socialista en tiempos de aquella clandestinidad cazurra tan confortable era algo exótico que movía a sospecha o a risa, eran rareza o la nenaza del antifranquismo, reduciéndose su militancia a cuatro viejos sindicalistas mudos de zona minera y ninguna cabeza visible en las ciudades. Sólo al legalizarse los partidos políticos se le arrimó una nómina flaca de bulto y plagada de desconocidos (o de impensables; afloraron socialistas que nidiós imaginaba) sin tirón social o político, hasta el punto de que el partido en León hubo de estrenarse importando un «paracaidista» albaceteño que lo lideró los dos primeros años hasta su muerte repentina, Baldomero Lozano, dejando un buen recuerdo general (y su nombre en una calle), cariño que no lograría de igual modo ninguno de los líderes socialistas cazurros que le fueron sucediendo... y aniquilándose.

El socialismo de Baldomero pisó calle. Para conocer la cazurrancia a fondo frecuentó aquí a gente sindical, de la cultura, campesina, autonomista... y después de él ya sólo hubo cazurros al frente, con lo que quizá logra explicarse casi todo, incluído su olvidar la calle para centrarse sólo en despachos e intrigas de bar y pasillos.

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