Un grito para abrir las fronteras
Dos protagonistas hacen balance de la caravana a Grecia . Denuncian que el Gobierno no cumple los cupos de asilo.
Accem colgó en el salón de actos de UGT la exposición didáctica sobre refugio y asilo. SECUNDINO PÉREZ
a. g. Alonso | león
Abrir las fronteras o asumir la vergüenza para la historia es la disyuntiva en la que se encuentran Europa y su ciudadanía ante la crisis migratoria y de refugiados en el Mediterráneo. Así lo señalaron ayer la leonesa Ana María Rodríguez Alonso y el vallisoletano Martín Rodríguez Rojo, quienes el pasado verano participaron en la caravana a Grecia con cerca de 300 personas de todo el territorio estatal.
Los activistas relataron ayer su experiencia del viaje en una mesa redonda organizada por la Plataforma de Apoyo a los Refugiados de León, que integran 25 colectivos sociales y políticos de León, en el salón de actos de UGT.
Fueron para «denunciar» y «remover conciencias» entre la población europea ante la «política migratoria de cerrazón» y el «incumplimiento de la ley en materia de asilo», apuntó Martín Rodríguez Rojo. El activista señaló que después de un año España «incumple» la cuota de refugiados asignada pues apenas ha dado asilo real a medio millar de personas frente a las casi 18.000 asignadas.
«Es urgente que pongamos una solución», afirmó Rojo, para la que enarboló la propuesta defendida por el politólogo francés Sami Nair de crear un pasaporte de tránsito para los refugiados y permitir que tramiten sus peticiones de asilo en los países que deseen.
Ana María Rodríguez destacó que las personas que llegan a las costas eurooeas desde Siria «vienen de una guerra programada» en la que están implicados los países occidentales con la venta de armamento. «O asumimos nuestra vergüenza y actuamos o quedaremos mal para la historia porque se está cometiendo un genocidio».
La caravana partió de Barcelona y atravesó el sur del continente para confluir con otras organizaciones en el país heleno, que es la frontera de Europa más agitada por la avalancha de refugiados provocada por la guerra en Siria.
Los activistas vivieron un control policial constante que las autoridades griegas justificaron como una forma de «protegernos de los extremistas de Amanecer Dorado». Participaron en manifiestaciones y visitaron, no sin dificultades algunos de los campos de refugiados, que son desplazados continuamente cuando no expulsados a Turquía en caso de que su petición de asilo sea rechazada. Entre el público intervinieron varias personas que también han estado en Grecia.