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CORNADA DE LOBO pEDRO TRAPIELLO
León

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T odo listo para que reviente la incógnita el próximo martes, día de la verdad mentirosa, votan los yanquis... ¿y si sale Trump?... cabe, ponte en lo peor, incluso apuesta por ello, tiene igual posibilidad que Hillary, ya que los otros candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica del Norte sólo pillan un 6% de los votos (no es poco); uno se presenta por el Partido Libertario (que es pura derecha), Gary Johnson (2%), y la otra bajo bandera verde ambientalista, Jill Stein (4%), que es por quien votará Susan Sharandon, siempre tan roja ella y tan guapa de alma y cutis, justificando a la vez por qué no votará a la Hilaria Clinton con una frase lapidaria: «No voto con mi vagina », que en castizo es «mi chirri no vota» y en basto «no me sale del coño»... dice que no se la debe votar en femenino singular y solidario por ser mujer, sino por si es competente para ser nada menos que la primera presidenta del país.

Sharandon era del ideario algo podemista de Sanders, apeado en la convención demócrata por Hillary, a quien la actriz considera falsa, corrupta y obstinada continuadora de lo de siempre, así que votará ecologista. Y no rectificará pese a saber que esos votos que se le fugan a la candidata demócrata podrían serle vitales en la agonía final del recuento impidiendo que salga de presidente esa bestia rubia que consagra el idiotismo nacional y la chulería, ese pato Donald grandón, triunfalista y metemano a todo chirri.

Después de un negro, una mujer... es lo que toca. Superado el racismo, superemos esa presidencia de obsesiva historia masculina, dice tanta gente que quiere poner a Estados Unidos en el candelabro de las conquistas sociales o en la galería cool : este país necesita una primera mujer en la más alta magistratura; mujeres al poder.

Si la Sharandon dijo lo que dijo de su vagina es porque está lamentando a la vez que muchas mujeres voten el martes con el chirri por identificación de causa, por orgullo de género, por sus ovarios. Y ahora entiende Susana por qué nuestra amiga Verónica Thacker de Kentucky nos ponía también cara de espanto al hablar de Hillary.

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