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El terror de los amantes en China
La despechada Zhang Yufeng ayuda a miles de mujeres engañandas a vengarse mediante humillaciones públicas
Una mujer pasea bajo la lluvia y entre las características lamparillas rojas en el popular parque Ditan, en Pekín. ROMAN PILYPEY
antonio Broton | pekín
Hace veinte años el esposo de Zhang Yufeng la dejó por otra y ella juró venganza, algo que ha cumplido ayudando durante este tiempo a cientos de miles de mujeres engañadas por sus maridos en China, usando métodos no siempre ciertamente ortodoxos ni pacíficos.
Zhang, ahora próxima a los 60 años, es conocida por los medios de su país como la asesina de amantes, y aunque el término es algo exagerado, sí que organizó en el pasado actos de humillación pública contra mujeres acusadas de tener relaciones con hombres casados.
Este tipo de actos, en ocasiones violentos, suelen filtrarse con frecuencia a través de vídeos en las redes sociales chinas, donde aparecen presuntas amantes insultadas en la calle por las esposas despechadas, a veces incluso desnudadas en público o golpeadas.
«He ayudado a más de doscuientas mil personas, sobre todo mujeres, a veces por teléfono y otras a través de mi centro de apoyo», cuenta a Efe la controvertida Zhang, quien desde hace dos años ha abierto en las afueras de Pekín un refugio para esposas a las que sus maridos han echado tras engañarlas, llamado Bahía de la Luna.
La mujer prefiere hablar poco de los actos de humillación pública, pero reconoce haber organizado muchos, y asegura que algunos «ocurrieron hace diez años pero ya no, ahora no se puede hacer porque hay muchas cámaras».
«Eran actos de liberación de la furia», comenta Zhang, quien afirma que en China la infidelidad está a la orden del día, «especialmente entre los ricos con poder, o aquellos que tienen cargos en el Partido», en alusión a los líderes. Ella misma vivió esa situación en los noventa, cuando su entonces marido, chófer de un alto cargo en la ciudad central de Xian, donde vivían, fue ascendido a un puesto financiero en el que comenzó a ser sobornado con dinero o servicios de prostitutas. Un día volvió a casa diciendo que estaba con otra mujer e iba a divorciarse: «Estuve tumbada en la cama una semana y al salir mi pelo se había vuelto gris», recordaba Zhang en otra entrevista, para el diario oficial Global Times.