Diario de León

LA CONTRA

Empleados con chip como las mascotas

Una empresa belga implanta a sus trabajadores cápsulas bajo la piel para facilitar el acceso y uso de los ordenadores.

Tim Pauwels, socio director de New Fusion, muestra el chip que colocan a sus trabajadores voluntarios. JAVIER ALBISU

Tim Pauwels, socio director de New Fusion, muestra el chip que colocan a sus trabajadores voluntarios. JAVIER ALBISU

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León

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Javier Albisu | bruselas

Implantarse un microchip de identificación bajo la piel es, para algunos, el siguiente paso natural hacia el «internet de las cosas» y una puerta hacia un futuro en el que la tecnología estará al servicio del ser humano, directamente incrustada en su cuerpo.

Para otros, que una empresa proponga a sus empleados que se injerten en el organismo una cápsula para abrir puertas o acceder al ordenador supone una pérdida de libertad y privacidad en una carrera hacia una sociedad donde la tecnología, al servicio de Gobiernos y empresas, sirve para controlar a los ciudadanos. «No somos Gran Hermano y no podemos rastrear a nuestros empleados con el chip (...) Es solo una manera más fácil de abrir las puertas o acceder a tu ordenador. Es completamente voluntario», explica a Efe Tim Pauwels, socio director de New Fusion, una empresa belga de software especializada en marketing digital que ha implantado un chip a varios de sus empleados.

El dispositivo, que es muy similar al que se utiliza para identificar a las mascotas, consiste en una funda de cristal poco más grande que un grano de arroz con tecnología de identificación por radiofrecuencia (RFDI) y una memoria de nada menos que 868 bytes.

La tecnología RDFI puede ser activa, cuando emite señales rastreables y cuya aplicación es corriente en almacenes industriales o en la ganadería, o pasiva, como la que hicieron implantar en diciembre en siete de los doce trabajadores de New Fusion.

En el caso de los seres humanos, el chip se inserta en la mano, entre el índice y el pulgar, y funciona como una matrícula cuyo número de serie puede cambiarse desde una aplicación del teléfono móvil. No contiene ningún dato del usuario y no emite señales que permitan localizarle, sino que sustituye a las tarjetas personales comunes en muchas compañías del sector.

«Los que por alguna razón no quieren el chip pueden utilizar la tarjeta. Algunos de nuestros empleados, especialmente mujeres, usan un anillo o un brazalete con la misma tecnología dentro», comenta Pauwels. El chip se puede adquirir en China desde veinte céntimos de euro la unidad, pero los que escogieron en New Fusion se fabrican en Estados Unidos y son mucho más caros, ya que cuestan 100 euros.

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