Confiar es vencer
N o busquemos en el relato de las tentaciones de Jesús un retrato de nuestros propios combates. Es verdad que Jesús es un modelo para nosotros, pero fijémonos en su combate y algo nos enseñará. Este pasaje nos permite penetrar en lo más profundo de las opciones decisivas de Cristo. Lo que Jesús es en esos instantes lo será decididamente en su vida pública. De ahí que este episodio no sea un simple preludio, sino la exposición de un choque radical donde se descubre la fuerza de Dios y la del hombre. Como Jesús es Hijo de Dios, nos cuesta admitir que sea verdaderamente hombre. «Como eres el Hijo de Dios puedes hacerlo todo». No; él no puede hacerlo todo, como tampoco nosotros. La respuesta a las tentaciones muestra que es «de condición humana», con todas las consecuencias. A pesar de la limitación y del riesgo del fracaso, la debilidad del hombre triunfará, porque tiene total confianza en su Padre. Con Jesús nos vemos levantados hacia el Padre y llenos de esperanza. Previendo lo desconcertante de la pasión, el evangelio nos adelanta el consuelo de saber que estamos ante un vencedor. En el momento más negro dirá: «¡Tened confianza!». Jesús confía en el Padre y nos invita a la misma confianza en Él. Es lo que manifiestan su contestaciones breves y firmes. Él es Hijo y, como Hijo, lo espera todo del Padre. Pero rechaza rotundamente la idea demoníaca de utilizar para sí, para su hambre, para su gloria, el poder de Dios. ¡Y menos aún el poder del Diablo! Solo quiere acoger los planes del Padre. Así podremos entender que lo que Dios quiere manifiesta lo que Dios es. Las tentaciones nos enseñan cómo Jesús entiende la palabra de Dios: el hombre vive de Dios, no pone a prueba su poder, no adora más que a Él. Basado en estas tres convicciones, Jesús, que se adentrará por los caminos más difíciles, verá que su vida no está «protegida», pero acabará victoriosa. Esto mismo vale para nosotros. La mezcla de vida ardua y de vida triunfadora la iremos descubriendo a lo largo del Evangelio. Aprenderemos que Jesús, Hijo de Dios, es hombre verdadero y Dios verdadero.
El ejemplo de Jesús nos ayudará a desenmascarar nuestros caminos torcidos. Sus tentaciones, actualizadas, nos indican de qué tenemos que convertirnos hoy: del materialismo consumista, de los afanes de poder y de placer, de querer sujetar a Dios a nuestros intereses, del «pasotismo», de la soberbia... Son los ídolos de hoy, a los que tenemos que vencer con la ayuda del Espíritu que actuó en Jesús y que actúa en nosotros. Si le dejamos.