«El síndrome es por la colza y algo más»
Setecientos leoneses conviven con las secuelas que les dejó el envenenamiento masivo por el aceite de colza. El presidente de la asociación de León, Abel Fernández, pide que no se olvide a las víctimas. Insta a continuar investigando. «Tengo mis dudas de que el envenenamiento fuera sólo por aceite de colza», asegura..
Abel Fernández, afectado leonés con el sísntrome tóxico posa con todos los medicamentos que toma desde hace 35 años. RAMIRO
carmen Tapia | león
Abel Fernández tenía 20 años cuando le diagnosticaron el síndrome tóxico, una enfermedad provocada por el envenenamiento por el consumo de aceite de colza, una epidemia que dejó en León 1.200 afectados. Setecientas personas sobreviven en la provincia con problemas graves de salud y padecen algunas de las 17.020 secuelas reconocidas en un informe realizado por el Centro de Investigación sobre el Síndrome Tóxico.
Treinta años después del inicio del primer juicio por Síndrome del Aceite Tóxico las víctimas siguen pidiendo reconocimiento público e investigación. «Tengo mis dudas de que lo que nos pasa fuera provocado sólo por el aceite de colza. Ese aceite no era apto para el consumo, pero tuvo que haber algo más porque en mi pueblo lo tomó mucha gente y no todos resultaron afectados. Los primeros biólogos que llegaron a León para investigar fueron apartados del caso. Se investigó muy poco aunque hubo mucho dinero para investigar. Hay que tener en cuenta que España acababa de salir de una dictadura y teníamos la democracia recién estrenada».
La garrafa de aceite de colza que compró su abuela comieron toda la familia «y sólo mi madre y yo resultamos afectados».
Abel Fernández toma una media de quince pastillas diarias para todas las dolencias que sufre desde hace 35 años. «Ahora estamos tramitando una tarjeta sanitaria especial que lleva un código identificativo de que somos afectados por la intoxicación», un documento que «aunque en la práctica tiene el mismo valor que la tarjeta sanitaria, nos ayudará en la asistencia si nos desplazamos a otra comunidad».
La muerte de casi la mitad de los afectados de León y el paso del tiempo se ha convertido en el mayor aliado del olvido. «Aquí ya nadie habla de eso», asegura Segundo Velasco, alcalde de Escobar de Campos, uno de los municipios más afectados. «Casi no quedan afectados, apenas dos o tres».
El Estado reconoció a las víctimas indemnización, el derecho a la gratuidad de las medicinas que necesitan, pero los dejó sin pensión reconocida por el envenenamiento «a pesar de tener el Tribunal Supremo nos reconoció la incapacidad», recuerda Abel Fernández.
«Nosotros no queremos quedar en el olvido. Mucha gente enfermó muy joven y se quedó sin pensión porque no tenían cotizados los años necesarios. A las víctimas del terrorismo sí les reconocieron una pensión, pero a nosotros no».
Estamos abandonados y a propósito olvidados», dice a Efe Susana Martín, quien enfermó al consumir aceite de colza cuando tenía 14 años. Desde entonces sufre secuelas pulmonares, ulceración en la piel, y pérdida de fuerza muscular y de visión.
Hoy hace treinta años que comenzó el juicio a 38 aceiteros procesados por la Audiencia Nacional, unas sesiones que se prolongaron hasta el 28 de junio de 1988, y cuya sentencia no se dictó hasta el 20 de mayo de 1989.
El tribunal determinó que 330 personas murieron por el síndrome y estableció unas indemnizaciones de quince millones de pesetas (90.151 euros) para los herederos por persona fallecida y de 150.000 pesetas (901 euros) a 90 millones (540.910 euros) para los afectados, según sus síntomas y grado de invalidez.
Los afectados consideran que, una vez indemnizados, fueron olvidados sin tener en cuenta que muchos no podrían trabajar por las secuelas, ni por tanto cotizar nunca. «El dinero no te quita una enfermedad, ¿cómo seguimos viviendo?», lamenta Martín.
El PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos mostraron ayer su apoyo a la Plataforma de Víctimas Enfermas por el Síndrome del Aceite Tóxico ‘Seguimos Viviendo’ que se reunieron ayer con representantes políticos de los principales partidos en el Congreso de los Diputados, con el objetivo de no caer en el olvido y trasladarles que las indemnizaciones «no paliaron las carencias y necesidades de justicia moral»
Los afectados piden los expedientes médicos de cada uno de las víctimas, porque sólo con ellos será posible hacer un seguimiento «exhaustivo» de las secuelas.
Entre las secuelas más habituales que presentan los afectados están la hipertensión arterial — que afecta al 29,9% de los enfermos— las tasas elevadas de colesterol — al 26,1%, la alergia, el asma o las enfermedades del corazón.
Lo más significativo del estudio realizado por el Centro de Investigación sobre el Síndrome Tóxico es que buena parte de los afectados no sólo padece una de las secuelas sino que son un alto porcentaje los que sufren varias a la vez. «Tengo 56 años y llevo toda mi vida con problemas de salud por el envenenamiento», lamenta el presidente de la Asociación de Afectados por el Síndrome Tóxico de León, Abel Fernández.