Diario de León

La reconversión del espíritu

Una congregación de hospitalarios . parte en peregrinación al santuario de Lourdes mañana. Lo hacen desde hace 44 años, casi medio siglo durante el que, según sostienen, se han ‘enganchado’ a una terapia de fe en la que la ayuda a los demás les aprovisiona de iluminación. .

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cristina fanjul | león

La crisis de fe no les ha afectado. Son más de 300 leoneses —entre hospitalarios, peregrinos y enfermos— los que viajan este sábado al santuario de Lourdes en una experiencia con la que, según aseguran, logran iluminación. La peregrinación comenzó en 1983. Por aquel entonces iban en tren y ahora lo hacen en autobús, un cambio que a los hospitalarios les ahorra incomodidades debido a los 90 enfermos y discapacitados a los que ayudan . «Hay enfermos con cáncer, depresión, artrosis, grandes minusválidos, y otros que simplemente tienen problemas de movilidad por lo mayores que son», destaca Oliva Fernández Arias, la presidenta de la asociación leonesa.

Por ello, llevan personal sanitario propio, tres médicos y dos enfermeras este año, que aportan sus cuidados y conocimientos clínicos en cualquier circunstancia que pueda surgir. Nunca ha pasado nada y eso que llevan peregrinando casi medio siglo.

La vicepresidenta, María Eugenia Laso, miembro del Consejo de Formación de Lourdes, destaca que a lo largo de la historia se han producido en el santuario más de siete mil curaciones milagrosas, si bien la Iglesia solo reconoce 69. «Yo tuve la suerte de conocer a una de ellas. Era una enferma terminal de cáncer de 43 años que se curó. Murió de muy mayor», asegura.

Sin embargo, tanto Oliva como María Eugenia aseguran que los milagros biológicos no son los que mueven a los fieles a acudir a Lourdes. «Lo importante es el cambio de vida, la recuperación de la fe, la iluminación. Cada vez que vamos a Lourdes, regresamos alentadas. Podríamos hablar de una reconversión del corazón y del espíritu, de milagro interior. Hay algo que se conmueve en el interior», atestiguan.

Y es que ambas son conscientes de que la propia Iglesia es muy reticente cuando se refiere a las curaciones milagrosas. Lo explican en la cantidad de procesos que hay que superar. «Un milagro tiene que ser súbito, inexplicable y mantenido en el tiempo sin explicación»m destacan. Precisan que cuando se produce un milagro en el santuario, se llama a todo el cuerpo médico inscrito en Lourdes y se pone en marcha una investigación. Las conclusiones de los análisis se envían a la Diócesis que es la que, a partir de ese momento, continúa con las pesquisas. El obispo manda los informes de seguimiento al Comité Médico Internacional, que se reúne una vez al año en París y si, al cabo de diez o más años, se constata que la curación sigue siendo milagrosa, la Iglesia decide». No es un proceso sencillo. Y es que, por ejemplo, en un caso de cáncer, al revelarse la curación, el enfermo no podrá tratarse con medicamentos hasta que la investigación finalice.

Lourdes es uno de los lugares que más turismo recibe del mundo. En realidad, se trata de la segunda ciudad de Francia en número de visitantes, sólo por detrás de París. «En seis meses, puede acoger a entre seis y ocho millones de peregrinos», revela Oliva.

Una de las curiosidades del santuario es que no sólo acoge a comunidades católicas y cristianas. Uno de los fenómenos más interesantes del lugar de revelación mariana es el fervor que por él siente la comunidad tamil hinduísta, que considera a la Virgen una diosa. «De hecho, ya hay hoteles hinduistas en Lourdes», explican.

La alegría de Naroa

Durante estos cuarenta años, Oliva y María Eugenia han tenido la oportunidad de conocer cientos de casos asombrosos. «A mi nunca se me olvidará Naroa. La primera vez que vino con nosotros tenía 20 años. Sufría parálisis cerebral y sólo podía comunicarse a través de los ojos, pero era absolutamente revelador lo que transmitía. Cada vez que iba a Lourdes, los ojos le brillaban de manera especial. Murió hace cuatro años», lamentan .

La Hospitalidad e Nuestra Señora de Lourdes —cuya sede está en la avenida de la Universidad— fleta este año siete autobuses para el viaje, que se prolongará desde el 29 de abril al 3 de mayo. Pero el trabajo de los voluntarios no empieza ahí. Antes de eses día ya han partido varios equipos de trabajo que se encargan de rotular las habitaciones para que los enfermos no tengan que sufrir la incomodidad de las esperas a su llegada. Los hospitalarios y voluntarios limpian las habitaciones, ponen y sirven las mesas, levantan y acuestan a los enfermos... «Es muy gratificante. Recibimos mucho más de lo que damos, si no, no iríamos porque en el fondo, todos somos egoístas»...

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