Diario de León
Publicado por
pEDRO TRAPIELLO
León

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Repasando los artículos del próximo tocho que titularemos «Cazurros: o rebecos o castrones», me comenta el editor la cantidad de obituarios o semblanzas póstumas que pidieron sitio aquí durante los últimos veinte años... la gente muere, le dije... y la gente buena, el doble.

Pero toda circunstancia y elogio que se vuelcan en estos casos son nada para quien los mereció, pura cebada al rabo, aunque sirven mucho a los vivos para pagar con letra y calderilla adjetivera alguna deuda grande u oculta que de esta forma creemos liquidar. Se ve mucho en esos panegíricos cada vez más frecuentes en nuestros funerales popularizándose el duelo escrito, sobre todo en los laicos, pues en la parroquia es el cura a quien encargan la mentira piadosa o elogio breve.

Por eso, y sin adelantarme a unas vísperas que exijo al destino retrase sine die, quiero que sepa aquí su destinatario lo que convertimos en gesto póstumo, post-humus, tras enterrar, cuando casos como el suyo reclaman ser el ante-humus que aquí esbozo, pues hablo de una persona que puede llamarse capital en la historia última de esta ciudad y de la cosa leonesa:

Hombre de saberes, proyectó internacionalmente la facultad embrionaria de esta universidad, gente de ciencia y razón, pero humanista convicto, averiguador de lo celular que dibuja lo cósmico o lo social... creyente, pero ajeno a cornetas, hubo de defender como senador que la palabra Dios no figurara en el texto constitucional con tan sólida argumentación, que nadie chistó... cortejado por partidos o corporaciones necesitados de su aval de sensatez y criterio, jamás abdicó de su independencia, como tampoco abdica de su compromiso cada vez que la causa es justa... durante décadas, su presencia institucional fue necesaria... escrupuloso en el deber, el bien común le da órdenes; un detalle lo resume: siempre va apagando las luces tontas de la facultad para ahorrar al erario... y su biografía (su memoria) es como la condición de rector que ostentó, magnífica.

Ponga el lector que hablo de Miguel... Cordero del Campillo... León tiene (tenemos) mucha deuda con él.

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