Muerte y olvido del niño leonés de la guerra
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero le brindó ayuda en los últimos meses de su vida. Arsenio Tascón Tascón fue el único niño leonés de la guerra en Rusia. Salió de España en el verano de 1936 y regresó para pedir ayuda en 1992. Murió al poco tiempo de recibirla, cuando ya era demasiado tarde, en 2005, después de años en la miseria..

Imagen de Arsenio Tascón, el niño leonés de la guerra, en el año 1992, cuando regresó a España para pedir la nacionalidad y una pensión. DL
cristina fanjul | león
«No tenía padre y su madre estaba en Montevideo. Un día no supimos más de él...», contaba en 1991 un primo suyo. Murió en 2005, el mismo año de su última llamada de socorro a las autoridades españolas. Era enero cuando su mujer, Rimma, pedía auxilio desde las páginas de Diario de León. El redactor Juan Carlos Vázquez se hacía eco de esa llamada de socorro: «Él grave, no habla. No sé decir en español, pero su corazón no da mucha sangre a su cabeza», comentaba, al tiempo que lamentaba la imposibilidad de curarse en Moscú: «Aquí dicen nada que hacer; no sé si en España se cura». Rimma moría ese mismo año, tres meses antes que Arsenio.
Su hijo Andrés prefiere no recordar lo que pasó. «Le cuesta demasiado. Sufrió mucho con su muerte», se disculpa su mujer, que zanja la conversación: «Lo siento mucho, pero no quiero seguir hablando»...
En una llamada anterior, Andrés Tascón, asesor de RTVE durante años en Moscú y ahora volcado en el negocio turístico, aseguraba que su padre, finalmente y a pesar de los problemas impuestos por la sinrazón de la burocracia, había conseguido la nacionalidad española que nunca debió perder y que se esfumó aquel verano de 1936 cuando nadie volvió a verle en Orzonaga...
Años después se supo que había salido de su pueblo huyendo del fascismo con apenas siete años. Partió en burro a través de la montaña de León hasta llegar a Francia, donde sufrió el hacinamiento brindado por los galos antes de partir hacia Rusia. «Desde que llegamos a Rusia pensamos que al año siguiente regresaríamos», decía cuando regresó a su pueblo en el verano de 1992. Habían pasado 56 años. Uno antes, en 1991, y azotado por los cambios económicos que llegaron con la disolución de la Unión Soviética, Arsenio Tascón enviaba una carta a nueve ayuntamientos leoneses solicitando 120.000 euros para regresar a España. A pesar de su carrera profesional como ingeniero de Caminos —que incluso le llevó a trabajar durante cinco años en Cuba— la inflación hizo que su pensión de 136 rublos apenas le diera para vivir.
Arsenio se crió en Moscú alejado de su madre, que viviría para siempre exilada en Uruguay, en un asilo del que nunca saldría. Por eso intentó regresar a España. Lo logró en 1992, aunque el viaje no resultó. Tras reunirse con los representantes de las instituciones obtuvo el compromiso de todas ellas para lograr el regreso definitivo. El por entonces alcalde de León, Juan Morano, le prometía un trabajo, el delegado de la Junta, José Antonio Díez, acceso a una vivienda protegida y 200.000 pesetas. Al final, ni siquiera logró la nacionalidad. «Es que ustedes han renunciado a su nacionalidad al salir de España!», rememoraba en aquellos días Arsenio al hablar de su conversación con el funcionario del Ministerio de Interior que le denegaba su derecho de nacimiento. Ruso para los españoles y español para los rusos, su partida de nacimiento y de bautismo seguían en Matallana de Torío. Además, en el pasaporte soviético del leonés quedaba claro que el gobierno de Stalin había registrado a los niños de la guerra teniendo en cuenta el carácter provisional de su estancia en la URSS.
Acuerdo con Gorvachov
Poco tiempo antes de la caída de la Unión Soviética, el ministro Miguel Ángel Fernández Ordóñez negociaba con Mijail Gorvachov un acuerdo que permitiera a los niños de la guerra computar en España sus años de vida laboral con el fin de recibir una pensión. Sin embargo, el fin del telón de Acero acabó con esta posibilidad. Cientos de españoles lograron regresar gracias a la labor de sus comunidades autónomas. Arsenio Tascón estaba en la casilla equivocada.
Con la nacionalidad habría conseguido, al menos, una pensión no contributiva que le permitiera quedarse a vivir en España. Sin embargo, regresó a Rusia y nunca más volvió.
En el año 2005, dieciocho años después de su SOS, moría en Moscú. Según publicaba Diario de León él y su mujer vivían con apenas 700 rublos al mes, una cantidad que al cambio suponía menos de 17 euros. Entonces, Rimma explicaba que una sola persona necesitaba al menos 3.000 rublos en Moscú para comer. «Este invierno muy malo, muy frío, y ya no calefacción», se lamentaba la anciana, que añadía que para calentarse de las bajas temperaturas habían comprado un infiernillo de aceite. Arsenio continuó trabajando casi hasta caer enfermo a los 75 años. Lo hizo en una agencia turística gracias al español que siguió hablando con fluidez hasta el final. En febrero de ese año, con Arsenio ya muy enfermo, un enviado del Consulado de España entregó a su esposa 200 dólares en metálico para que pudiera recibir tratamiento médico. Además, se adoptaron medidas para garantizar que la familia cobrara la pequeña pensión asistencial a la que tenían derecho los niños de la guerra. La ayuda ascendía a 667 euros por semestre, una cantidad que recibirían hasta que en abril comenzaran a percibir la paga de 6.070 euros anuales que aprobó el Parlamento español ese mismo mes. Finalmente, y como la propia Rimma había profetizado, al Gobierno español le costó poco la pensión de Arsenio, que moría ese mismo año, tres meses después de despedirse de su mujer...
