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Jorge Vázquez lo borda
El diseñador madrileño presenta ‘Deseo’, una colección marcada por un viaje onírico a la campiña francesa en la que mandan las lentejuelas y los vestidos bordados
Detalle de uno de los diseños de Jorge Vázquez. ZIPI
gloria salgado | madrid
Estaban preparados para brillar. Y lo han hecho. The 2nd Skin Co. abrió la última jornada de los diseñadores consagrados de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid (MBFWM) con una colección de alfombra roja que reúne, con motivo del décimo aniversario de la marca, los tejidos, patrones, siluetas y colores que han caracterizado a la firma durante su trayectoria. Una colección de feminidad sin caducidad en la que revisitan las siluetas de los años 50, con la mirada puesta en Balenciaga y Dior. Clásicos renovados en una gama de colores que van desde el negro al lima pasando por el azul celeste.
Deseo, nombre de su preciosa e íntima propuesta para la primavera - verano 2018, está bañada en amarillo, fucsia y verde para trasmitir más sentimientos que conceptos. Un estado ideal que plasma en maravillosos degradados de lentejuelas, tartán escocés confeccionado con perlas y múltiples piezas veladas en un escondite tan romántico como delicado al que dieron vida modelos profesionales y jóvenes sin experiencia a las que quiso dar una oportunidad. Las bonitas joyas han sido creadas por la marca menorquina marybola pensando en cada conjunto. Delicadeza que ha llevado a un plano más discreto, aunque con carácter, Jorge Vázquez. El modista de las ‘niñas bien’ se traslada a la campiña francesa más lujosa para vestir a una mujer joven, romántica, onírica y fuerte. Entre vestidos muy femeninos enriquecidos con bordados y aplicaciones de cristal y lentejuelas ha llamado la atención la que será su nueva sudadera estrella —todas sus colecciones tienen una—, con el nombre ‘George’. Una jornada que comenzó con el homenaje a una década de The 2nd Skin Co. y terminó con el repaso a los 30 años de Hannibal Laguna. El modista, respaldado por sus fieles clientas, ha sacado a la palestra todas las flores que tenía guardadas en la recamara —una de ellas realizada a semejanza de la que creó con 9 años en el colegio y que su madre tenía guardada como oro en paño—.