CORNADA DE LOBO
Tener relato
Manipular o confundir sale fácil e instantáneo porque todos llevamos en las entretelas el eco de la mentira, un móvil.
En su tumba, Goebbels reburdia de envidia viendo estos medios y alardes. Está seguro de que él, con estas fabulosas redes, nos pescaría a todos en sólo seis noches de corazón roto y razón nublada (estas de ahora) y maldice sus cenizas viendo que sus aprendices no necesitan repetir cien veces una mentira para convertirla en verdad; con una vale y al segundo son millones.
El contagio es automático. Antes la peste tardaba un año en cruzar España. Hoy la mentira infecta en el acto al globo entero. Y hablando de Cataluña, hablemos de contagios. Con sólo vestir a Rajoy de Franco y enchironar a los Dos Jordis ya se andó medio camino y se hacen colas en el banderín de enganche de la rebelión (¿cuántos nuevos independentistas crea Mariano a la hora?, ¿y cuántos las cargas policiales y el escalofriante y patrañero relato de Martita Dedos Rotos que corrió como pólvora aquella noche infectando a todos de furias «legítimas»?).
Quien siembra pánico recoge estampidas arrojando a algunos a los pies de los caballos fiscales. Y ya tenemos presos políticos, lo que faltaba para apretar la ira que engrasa el móvil. Y si al portentoso móvil con red se le suma una tele como TV3, es lógico el estertor pasional que sacude a media Cataluña con subidón y a la otra media con acojón: en los dos casos las verdades como puños son las más vendidas y bien baratas las compra cualquiera. Sin odio y sin relato (aquí logra tenerlo sólo una parte) no hay rebelión posible. Pero el odio nos engorda a todos al desayunar inquina, comer aborrecimiento y cenar rencor con vasito de leche y hiel... y pa la cama, a maquinar sueños y revanchas. Repitiéndolo décadas, el relato del independentista llega a verdad absoluta (e innegociable). Lo mismo el españolista repitiendo ¡¿qué verdad absoluta puede ser mayor que la Ley?!... el pueblo, idiotas, dijo un eco... repetís y os repetís sin dejar de meter morcilla al discurso... cada cual, su verdad... y en la misma senda mal se avienen dos verdades absolutas.