CORNADA DE LOBO
Cuixote y Sancho
Merece reprobación burlarse de apellidos o caras por hacerle caricatura a alguien cuando resulta que la culpa jamás es del que los lleva o heredó. Caigo en este vicio más a menudo de lo que debiera permitirme, lo lamento, pero reincidiré al no dejar de asaltarnos tipos y situaciones que piden sacar cuaderno, lapicero y hacerles un apunte o garabato, aunque, eso sí, evitando que nos salga un godofredo.
Es el caso: veo a los dos Jordis en teles o papeles, Cuixart y Sánchez, y me sugieren una pareja de Quijote y Sancho, Cuixote y Sánchez, el ilustre loquicuerdo que confunde delirios con alardes y un perfecto señor Panza que aquí leyó algo y atiende a la prosa, al mande usted y a la intendencia.
Incluso sus rostros, uno enjuto y otro hogaza, encarnan lo que parecen sugerir unos apellidos que, además, nos resumen las dos Cataluñas, la de pedigrí canigó con Liceu y la charnega con casette de rumbas (catalanas) en su seat 600 salido de Martorell.
En este novelón por entregas, el traje de Quijote se lo pone Cuixart en el papel de «desfacedor de entuertos», pero es la figura sanchesca de Sánchez la que mueve a admiración, a paradoja y a cierta pena si con ella se resume la catalanidad surgida de la masiva emigración española en los años piojeros poblando aquello en calidad de peonaje. Sugiere ese Sánchez la imagen de una segunda generación que se adaptó, inculturó y prosperó, desarraigada muchas veces de los pueblos y orígenes paternos que les identificarían con la miseria que les arrojó de allí, así que su patria es donde pudieron al fin pacer y nacer hasta alcanzar el noble título de despenseros leales o esos escuderos que les engordan un hoy de sanchos jordis... y sanchas pascuas.
Hay mucho charnego obligándose a ser el doble de radical catalán y adelantándose a quemar reyes o apedrear guris, dijo Peláez ante un Jordi Sánchez al que hoy citan primero en los carteles de Llibertat Sánchez-Cuixart... raro honor y guiño obsceno a los votos que necesita el independentismo y que sólo pescará entre los nietos de los charnegos. Con la raza-raza no les alcanza.