Diario de León

Viaje a ningún sitio al lado de la muerte

11 vidas en 11 maletas. El Colegio de Abogados de León inaugura hoy una exposición sobre el drama de los refugiados y las dramáticas historias que les acompañan en su recorrido. .

El fotógrafo capta en su instantánea la dureza del desembarco de una patera de inmigrantes en la isla de Lesbos, con las lágrimas de un niño como mejor resumen de la crudeza de una travesía que ha dejado atrás la muerte y coloca por delante la vida para

El fotógrafo capta en su instantánea la dureza del desembarco de una patera de inmigrantes en la isla de Lesbos, con las lágrimas de un niño como mejor resumen de la crudeza de una travesía que ha dejado atrás la muerte y coloca por delante la vida para

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miguel ángel zamora | león

Hay 65 millones de personas que han tenido que huir de sus casas por la guerra, por cualquier forma de violencia y por la persecución en sus países. El dato frío cobra más cuerpo por la vía de la comparativa. Es como si todos los españoles y los portugueses tuviesen que dejar la Península Ibérica de forma precipitada y aterrizar donde Dios les dé a entender. Ha sido en los últimos cinco años y nueve de cada diez se han tenido que instalar en países limítrofes al suyo.

El Colegio de Abogados de León inaugura hoy la exposición 11 vidas en 11 maletas, organizada por la Fundación de la Abogacía Española. «La intención de la exposición es tratarles como a iguales», señala la organización.

En León estará hasta el 27 de febrero y a continuación, Barcelona toma el relevo. Los protagonistas cuentan sus once historias en la muestra. Han huido y huyen de la guerra, la intolerancia o la miseria viajando mano a mano con la muerte. Son once historias terroríficas.

1. Aladín (Irak) viajaba de Turquía a Lesbos la noche del 17 de noviembre de 2015 en un bote. Una mujer y un niño cayeron al agua y el se lanzó a ayudarlos. El esfuerzo por subirlos de nuevo a bordo le dejó exhausto y quedó abandonado en medio del mar. En la costa, un grupo de socorristas llegados de España supo de él y decidió partir en su busca. Le pusieron suero caliente y lo reanimaron. Hoy vive en Finlandia.

2. Iboun (Mali) pudo escapar de Gao, su ciudad, en 2012, cuando tenía 19 años. Los yihadistas habían impuesto la Sharía en esa región después de un golpe de estado que llenó el país de inseguridad y violencia. Recorrió 1.186 kilómetros para llegar a Bamako, la capital, y desde allí viajó a Mauritania y de Mauritania a Marruecos, donde estuvo casi dos años en condiciones durísimas. Luego consiguió llegar en una zodiac a Motril (Granada) desde donde se trasladó a Madrid, donde ahora vive.

3. Imán (Siria), llegó a Grecia tras un viaje en el que sus hijos no dejaron de llorar. Cruzó a Atenas y tras varios días en autobús, lograron llegar a Idomeni. Justo cuando la frontera cerraba y, con ello, las esperanzas de miles de familias como la suya. Pero el viaje empezó mucho antes, cuando las bombas cayeron sobre Aleppo y ya no tuvieron dónde vivir.

4. Jeanne Beral (República Centroafricana) tiene 25 años y cinco hijos. Un grupo armado arrasó Daga, su pueblo, y mató a su marido. Entonces caminó por el bosque toda la noche con Fatime, de tres años a hombros; Tresoir, el bebé, a la espalda, y Felicité, Tchange Mastuyal y Dero Laguerre de la mano. Cruzó un río y llegó a Maïbo, un pueblo fronterizo de Chad, donde una familia con 10 hijos les prestó una casa y les dio de comer, porque en su cultura está compartir lo que se tiene.

5. Karim (Siria) tenía una tienda de decoración en Aleppo, que le quitó uno de los bandos contendientes en la guerra de Siria. El otro bando lo secuestró durante cuatro días. Cuando su hijo mayor, obligado a alistarse en el ejército, murió en combate, decidió salir de su país. Su viaje comenzó en Antioquía, Turquía, muy cerca de la frontera con Siria. Fue anotando sus pasos en un papel para no perder la cordura y documentando con fotografías los lugares y personas que se iba encontrando por el camino. Durante 10 días, de oeste a este, cruzó 12 países de Europa a pie, en autobuses, trenes o taxis compartidos.

6. Morad (Marruecos) vivía en Farkhana, una localidad marroquí cercana a Melilla donde iba cada día a ganarse la vida como podía: trabajando en supermercados, bares, tiendas… Siempre en negro. En Marruecos, la homosexualidad es un delito que se castiga con penas que van desde tres meses a tres años de cárcel. Muchos sufren, además, agresiones y vejaciones de todo tipo. Por eso decidió pedir asilo en España.

7. Nya Thierry (Camerún), llegó a Nigeria, donde la policía le quitó lo poco que tenía. Durmió en la calle, trabajó como albañil, vio cómo una bomba de Boko Haram sembraba el terror y, por primera vez, pensó en regresar. Hoy vive en Torrelavega, esperando por sus papeles.

8. Sajad al Faraji (Irak) ha visto la muerte demasiado cerca demasiadas veces en quince años. Sus pierna nacieron dormidas, para más inri. Ahora vive en Austria en condiciones un poco más adecuadas.

9. Suleika (Somalia) vivía con sus seis hijos en Mogadiscio, donde daba clase de inglés en un colegio de primaria. Viajó a Kenia, luego a España y en 2006 logro reunir a su familia de nuevo. «lloramos mucho ese día», recuerda.

10. Zeinab (Siria) y sus cuatro hijos pagaron mucho dinero a contrabandistas para que los llevaran al otro lado de la frontera, en Izmir (Turquía). T Gastaron casi 3.000 euros en unos pasajes de ferry hasta Atenas y unos billetes de autobús que debían llevarlos hasta Idomeni, en la frontera con Macedonia. Su objetivo era llegar a Alemania, donde les espera el padre de familia. Pero ese autobús nunca llegó. Ya no les queda nada: ni dinero, ni pendientes, ni anillos, pero sonríen porque están vivos. Y agradecen a Dios seguir juntos.

11. Libertad (Barcelona) y su madre contrajeron el tifus y cuando desahuciaron a la niña, su madre le dio la vida por segunda vez donándole su sangre en contra del criterio de los médicos. Libertad no perdió la vida, pero empezó a perder su nombre. Unas almas caritativas anotaron en un papel que se llamaba María Luisa para que no se le cerraran las puertas del cielo. Y así fue.

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