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Liturgia dominical Florentino Alonso Alonso
León

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E ste domingo destaca la idea del amor misericordioso de Dios a través de Jesucristo: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna» (Jn 3,16). Amor y misericordia que también aparecen en la I Lectura, al librar al pueblo de Israel por medio de Ciro, rey de Persia (cf. 2 Cro 36,14-16.19-23), y en la II, mediante el Hijo, Jesús (cf. Ef 2,4-10). Vivimos tiempos de crisis. Un bajón más de fe y de valores que de economía. Muchos permanecen en la oscuridad y no encuentran motivos para vivir con esperanza. Tal vez tú mismo estés entre ellos. La causa de tus tinieblas puede estar en que no acabas de dar con la brújula interior que te oriente; o en el hecho de que, desde el exterior, el zarpazo del paro, la enfermedad o los problemas familiares te sumen en el desaliento. Es posible que estés cansado de luchar y te hayas conformado con una existencia triste. Desde tus oscuridades, Dios te invita hoy a levantar la vista y mirar a quien ha sido elevado; a contemplar en la cruz el inmenso amor que Dios te tiene.

La Cuaresma también nos recuerda que somos pecadores, que faltamos al no querer hacer caso a los mensajeros de Dios (I Lectura) y preferimos las tinieblas a la luz, porque nuestras «obras eran malas» (Evangelio). Pero, Dios, rico en misericordia, por el gran amor que tuvo hacia nosotros, nos ha resucitado con Cristo, nos ha entregado a su Hijo «para que no perezca ninguno de los que creen en él». Jesucristo es el nuevo y verdadero Ciro, enviado por Dios para rescatarnos del destierro al que nos llevan constantemente nuestros pecados. Pero es preciso «creer», adherirse a Cristo muerto y resucitado, mirarlo como a la «serpiente del desierto»: «el que cree en él, no será condenado». Esta fe ha de demostrarse con obras «según Dios». Ellas deciden nuestra suerte. Seremos salvados o condenados según elijamos uno u otro camino: el de la luz o el de las tinieblas. Cristo, por su muerte y resurrección, nos salva, nos hace criaturas nuevas. Y así el obrar ha de seguir al ser.

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