Resurrección
U no: No es fácil vivir sabiendo que no somos capaces de controlar nada, al menos nada importante, que la vida es, casi siempre, un anhelo inútil, que lo nuestro, como decía Machado, es pasar, que en realidad ya hemos pasado, porque todo lo que tiene que ocurrir, ha ocurrido ya. Entender que aquello con lo que el futuro nos aguarda también está concluido es la gran baza con la que cuenta un sabio para seguir viviendo. Sólo así logra que la vida no le arrugue con el desencanto.
Dos: Necesitas echarle a alguien — o a algo— la culpa de lo que te pasa. No hay nada peor que saber que no controlas la vida, que hay fuerzas que, por incomprensibles, se te escapan, que el azar existe, que la banda sonora que has elegido para tu vida puede sorprenderte con una nota espontánea, una discordancia que no esperas, que a pesar de que todas las vidas tengan un propósito, el desconcierto juega un papel determinante, sin el cual la vida no es vida, sin el cual serías un dios.
Tres: Confía en la capacidad de la vida de hacerse insólita, de obligarte a cambiar el paso, la extravagancia que elimina el aburrimiento, como a Pinocho, que sólo cuando hayas visto las tripas del tiburón lograrás comprender de qué va todo esto y sentirás que eres real.
Cuatro: Que, aunque sea un perogrullo hay que recordarlo, que para resucitar tienes que saber lo que es estar muerto, que la vida mortecina no es vida y que solo las sombras permiten atisbar la luz.
Cinco: Que da igual lo que te digan, que mientras vives no tienes presente el memento mori, que puede que sea mejor así, que hoy es siempre, todavía —otra vez Machado— y que nadie pensaba, tampoco tú, que llegaría ese día en el que una roca, o un árbol, o una enfermedad o lo que sea que llegue de repente hace que recuerdes ese momento como el más decisivo de tu vida, o el último.
Seis: Que todo es épica en tu vida, incluso lo que no lo es, porque nada se entiende sin el final, y ese último momento hace que todo en tu vida se vuelva heroico.