Beso: el mejor está por llegar

Auténticos o traidores. Hoy, en el Día Mundial del Beso, médicos, antropólogos, galeristas y psicólogos analizan en este reportaje las distintas caras de un acto psicológico considerado el gran indicador emocional, que renueva el vínculo entre personas. Hay que seguir probando. .

'El Jardín de los Besos incendiados' del leonés Miguel Escanciano, se expondrá en la galería 'Armaga a partir del 12 de mayo.

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carmen Tapia | león

Auténticos y fingidos. «La expresión máxima del amor sincero y el instrumento más eficaz para una deslealtad». El antropólogo leonés José Luis González Arpide describe el beso como el mayor estímulo para el amor y la confianza y, precisamente por esa característica sentimental, el más utilizado para una traición. «El traidor te besa para que no estés a la defensiva. Busca tu confianza para perpetrar su vileza sin encontrar resistencia». Es el lado más oscuro de un «acto psicológico por excelencia que renueva constantemente el vínculo entre personas y la confianza, porque es una clara muestra de afecto que no está reservada exclusivamente a nuestro círculo, porque besamos mucho, y a muchas personas, y a los animales... e incluso a las cosas», explica la psicóloga leonesa Nélida de Andrés Fernández.

Besar es un riesgo. Te expone ante la otra persona, por eso es un acto de suma sinceridad. «Los hombres y las mujeres del mundo de la prostitución no besan» — aclara el antropólogo — «porque no hay amor».

Y por amor se ignoran las «innumerables» bacterias y virus que viven en la saliva. «En el intercambio de fluidos se pueden transmitir enfermedades infecciosas», asegura el médico de Familia de HM San Francisco, Enrique Fernández Torres. Tras un beso puede crecer el virus del herpes simple, el resfriado común, una infección por estreptococos (faringitis) y mononucleosis por el virus Epstein-Barr, la conocida como ‘enfermedad del beso’. «Hay otras enfermedades como el sida y la hepatitis B, pero sólo si la persona infectada tiene una herida en la boca que sangra», aclara Fernández Torres. «La mononucleosis suele ocurrir más en la adolescencia. Es muy habitual en las consultas. Pero no sólo se transmite por un beso. Un vaso mal lavado puede ser también el origen del contagio».

Los distintos enfoques de un beso han llamado la atención del mundo de arte durante siglos. «El beso, ese gesto que, a pesar de que en nuestra cultura sea algo muy visible y socialmente aceptado, es quizás la síntesis y la glorificación de lo íntimo», explica la galerista de arte Marga Carnero, de Ármaga. «Ha sido históricamente representado por parte de muchos creadores en todas las disciplinas. De alguna manera, un gesto casi revolucionario o contracultural en los tiempos de conflicto y confrontación. El arte, una vez más, quizá sea el único espacio de redención que nos quede», afirma Carnero. Ármaga selecciona a Francesco Hayez, uno de los icónicos del arte románico italiano que hizo hasta cinco versiones de un beso; a August Rodin y su beso en mármol que interpreta a Paolo y Francesca, dos personajes de la Divina Comedia de Dante; El Beso de Pablo Picasso que se atesora en la impresionante colección el museo del artista en París; Gustav Klimt y posiblemente el beso más famoso de la Historia del Arte, pintado en la etapa dorada del artista; Roy Lichetenstein, el icono del arte Pop con la obra realizada en 1962 The Kiss II; el beso más conocido del artista rumano Constantin Brancusi, sencillez en piedra caliza; o el fantástico, diferente y subversivo René Magritte que creó ese universo en el que nada es lo que parece con Los amantes. El pintor leonés Miguel Escanciano expondrá en mayo en Ármaga su obra El Jardín de los Besos Incendiados, un cuadro «que refleja la máxima expresión del amor. La inocencia del primer beso y el cariño en la vejez donde los sentimientos están más arraigados», explica el autor.

Informador emocional

El beso es un gran informador emocional. «Es muy complicado besar a la persona que nos ha dañado, sin embargo seguimos obligando a la gente menuda a que se bese inmediatamente después de que alguien le ha pegado, forzando así a alejarse de sus señales internas». La psicóloga Nélida de Andrés Fernández asegura que «la intensidad de todo lo que el beso otorga lo marca la persona a la que besamos o nos besa y el lugar donde se deposita el gesto e incluso el momento evolutivo que nos toca vivir».

Hay gente que no besa. «Algunas personas no quieren, a otras les incomoda y hay otras que ponen la cara. De forma auténtica o fingida, lo que está claro es que cuando permitimos que alguien nos dé un beso estamos otorgando licencia para que ocupe nuestro espacio psicológico personal íntimo, razón por la cual debe ser voluntario».

El beso también es un reflejo cultural. «Cada cultura limita el espacio de separación con otra persona», asegura el antropólogo Gorzález Arpide. «En el Mediterráneo somos muy besucones aunque darlo en la boca ya es un grado mayor de intimidad. La cultura mediterránea permite el acercamiento pero en Estados Unidos son más estrictos y ponen más límites al contacto físico, como la cultura oriental».

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El beso no siempre supone el contacto de los labios. «Los esquimales se frotan la nariz, posiblemente porque el frío intenso no hace agradable abrir la boca y sí el acercamiento físico. En otras culturas se frotan las orejas como equivalente a darse un beso. Los orientales apuestan por una reverencia juntando las manos y sólo se besan en la intimidad, sin testigos».