Diario de León
Publicado por
GARCÍA TRAPIELLO
León

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Por su título se conoce al listo, pero parapeta también al tonto... y sin él, al idiota, el más trompetero. La última colección de impostores de currículo que está aflorando entre políticos desmoraliza definitivamente a todo este país y en el horizonte nacional ya sólo se lee lo de la puerta del Infierno de Dante: «Lasciate ogni speranza», como quien dice «olvidaos de salir de estas calderas y calderadas: las habas se seguirán cociendo».

La titulitis es inflamación vieja y este es un país de despachos y recibidores con pared estampada de títulos pomposos y orla floreada, sin olvidar algún diploma de tiro al plato o de mus, que aquí vale todo lo que huela a laurel o sirva de pedrada al ojo. Y si no se tiene título, se pinta a mano alzada, a mano atrás o a dedazo limpio haciendo una llamadita: «buenos días, señor rector, le paso con la señora presidenta, no se retire, por favor».

En España es antiguo el comprar títulos, noblezas, doctorados, capellanías... ni siquiera la universidad salmantina en su esplendor se libró de la impostura con padrino o del aprobado con regalía. Y ocurre así porque el título no se busca por la honra y autoestima de saberse conocedor, sino porque equivale a dinero y medro en el escalafón, el círculo o la cuerda: a más másters, más mandanga... «y ponme ahí también que soy diplomado cum laude en Castración de Monos Zurdos y Financiación Autonómica Gorilona; si se te ocurre uno más largo, mejor».

Sócrates, mudo últimamente, cree que si lo propio del político es saber mentir en todo, ¿a qué escandalizarse tanto por mentirnos también en su currículo?... normal... pero decidme, ¿cual de las dos mentiras hace más daño al país: la que nos roba o la que nos engaña?... a la primera os habéis acostumbrado y ya ni os subleva, pero la segunda os divierte y ahora gastáis todo el tiempo en escandalizaros... ¿tenéis algún transtorno pendular?...

Sin embargo, Peláez cree que amén de divertido es saludable todo lo que está saliendo y saldrá.... ¿no es de risa ver ahora a los políticos grandones quitándole grasa a sus currículos cebados?

Y de los guindos bajan mirlos.

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