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GARCÍA TRAPIELLO
León

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Quieren desde hace tiempo que la manera de gobernarse los vecinos en junta se vaya al carajo despoblado o que la fusile una ley al amanecer del expolio dando vía libre a la incautación, que es lo que merece el incauto.

Nunca hubo muchas juntas vecinales en España, la mayoría de territorios ni las tiene ni las conoció, pero León es la provincia con más número de ellas. nietas todas de los conciliums/concejos que van naciendo medievalmente en León o por Castiella... no hubo pueblo que no se apuntara al rango y hoy quiera perderlo porque la junta preserva el derecho a bienes propios, lo comunal: montes, caza, caminos, pastos, leñas, molinos, presas, casas, hornos, caleros, silos, ganados a veces, puertos... atractivo patrimonio codiciado en primera instancia por el ayuntamiento del que dependen las pedanías, generalmente urgido de deudas y codicioso del bien ajeno, seguido por las diputaciones que algunos justifican como el único auxilio que tienen tantos pueblos dándoles limosnita con cazoleto político o impidiendo incluso que esas juntas vecinales reciban subvenciones culturales como cualquier otra entidad o «ente» de los que pueblan esos repartos con anzuelo (aquí alza el rabo la de León)... y arreando también detrás, las autonomías, que tampoco van a renunciar a su trozo del cadáver, siempre que Montoro no se meta por medio y acabe entonces el Estado quedándose con la mitad... así que en el aire flota la alarma: «¡¡que viene el matajuntas!!» como quien dice ¡¡el sacamantecas ya está aquí!!»»

El dilema está servido: ¿Mantenemos las juntas vecinales como último vestigio del ya inexistente concejo de «un vecino, un voto»... o se disuelven todas para igualar democráticamente los pueblos y la ruralidad española?... al menos, cuestiónense las que no cuenten con un soporte vecinal mínimo (retrato de la mitad de estos pueblos pasadomañana)... y fuera las que no tengan transparencia patrimonial y de gestión... que se vea... «a los Cristos, credos; y los cuartos, quedos»... o sea, «La junta vecinal, para quien la trabaja o la merece», recita Peláez.

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