CORNADA DE LOBO
Memoria sin ley
Lo mismo que aquella pintada madrileña rezaba «Ley de Extranjería para la reina Sofía» reza aquí otra reciente que dispara al entrecejo de reyes reviejos (a menudo extranjeros o impuestos por casas lejanas), nobles innobles o próceres de discutido mérito estampados en honores o callejeros... y dice el spray: «Ley de la Memoria para historias laudatorias»... véase: ¿qué mérito que no sea inventado o literario le asiste al macarra criminal Suero de Quiñones para gozar de la honra que aquí se le tributa ofendiendo a los leoneses coetáneos de ese tipo que sufrieron sus arbitrariedades totalitarias de horca, cuchillo, expolio o pernada?...
Ya decía un profesor del instituto de La Palomera que amaba a Bertrand Russell: «la Historia no cambiará hasta que los cronistas oficiales sean extranjeros».
Mientras se espera este improbable, vemos cómo se instruye a toda prisa una exaltación del pasado regio de este reino como buscando excitar que se añore la autarquía o la idea nacional que pudiera latir ahí... y así se reedita aquí lo que necesita todo nacionalismo para edificar su pendonería y altisonancia, sus pilares fundamentales: 1.- repintar la historia, 2.- pintar un trapo y 3.- armar una lengua.
Ya nos sopla en la oreja el bable normatíu que pretenden los vecinos asturianos imponer como lengua cooficial con el aplauso de Zapatero (gracias, Papes, fíu) y que aquí espera imitar un lleunés indefiníu que acabará matando los pocos vestigios que quedan de las diversas y verdaderas hablas leonesas.
Sucede que al no tener León un futuro claro, nada mejor que escarbar en el pasado oscuro buscando ropones y flautas para la industria emocional que busca restablecer la esperanza abatida de un pueblo desorientado con la maleta en la mano. En ello encaja esa buscada erección de una descomunal estatua al rey Alfonso IX de soberbia traza irreal, muy peliculera, delirante guerrero (se hizo para Badajoz, pero aquí les vale como valió Lepoldo Alas para convertirlo en Gaudí)... ¿ley de la memoria?... aquí lo que gusta es la memoria sin ley... y cabe casi todo.