RETRATOS CALLEJEROS
La escucha activa y el silencio para hacer música

firma
carmen Tapia | texto
Marciano pérez | fotografía
«Pasear en silencio es un acto revolucionario». No es una acción de consumo. Luis Martínez Campo vuelve sus oídos, y los de sus alumnos, a la escucha del sonido de la vida. «Escuchar y luego hacer». Músico, maestro y actor, aunque no necesariamente en ese orden, este leonés de 28 años enseña a niños y niñas con edades entre los 6 y los 12 años a hacer música con los objetos cotidianos. Máster en investigación de música hispana y máster en profesorado, entró en el Conservatorio de Música de León a los 12 años. Sus padres no quisieron llevarle antes para que se lo tomara en serio. Resulta paradójico que este músico defensor del silencio y la escucha activa diera sus primeras notas con la percusión «con instrumentos a los que más golpeas». Ese crecer en el conocimiento le llevó a estudiar Magisterio en Salamanca, ciudad en la que entró en contacto con la viola da gamba, un instrumento muy utilizado en el siglo XVIII con el que encontró la conexión con el teatro. «Las vibraciones de la viola tienen una vertiente más íntima».
Su vinculación con la compañía El Mayal de la Universidad de León y el Laboratorio de Teatro Político en Salamanca, le abren nuevas formas de expresión artística. Dirige el montaje sobre la memoria histórica inspirado en testimonios de la Asociación Pozo Grajero de León, que estrenará en Salamanca, junto a un grupo variopinto de actores, con el título Al invierno no se lo come el lobo , una idea que surgió en un taller de trabajo sobre la memoria histórica. «Improvisamos y luego lo pasamos al papel». El proyecto llega también a León.
Pero con lo que más entusiasmo muestra es con su trabajo actual en la Fundación Cerezales, junto a Hara Alonso, la Fundación Daniel y Nina Carasso y Juventudes Musicales. Más de medio centenar de niños y niñas de las escuelas de Santa Olaja del Porma, Santibáñez del Porma, Vegas del Condado y Villaturiel aprenden a escuchar cómo suena el mundo para llegar a procesos de creación colectiva en espacios públicos. «Una escucha sin presión y desde la perspectiva local». Los menores dan largos paseos con un cuaderno en la mano para dibujar el paisaje sonoro. «Una cultura que favorece el entendimiento y rechaza la confrontación en el diálogo entre personas».