CORNADA DE LOBO
«Doble coño»
Quedó bien demostrado hace semanas en su revelador artículo «Carta de amor a España» (ahí decía «a lo mejor no me creéis, pero no os miento si os digo que en España todo es mejor»), que el fascinante pianista inglés James Rhodes tiene la grandeza del niño que crece y crece en genialidad y la avidez del averiguador que no deja de asombrarse. Ha descubierto tan maravillado este país, que ha decidido quedarse entre nosotros sine die plantando aquí su cuartel y sus amores, evocando así a otro británico huido de su gris y tiesa tierra para enraizarse en Galicia, Granada, Alhaurín o Málaga, Gerald Brenan (don Geraldo, le decían), a quien Carlos Cano dedicó un genial pasodoble y cuya obra mítica «El laberinto español» estuvo prohibida por Franco hasta su muerte.
Pues igual James Rhodes, aquí se esponja, se explaya y ahora se arrodilla ante nuestra forma de comer descubriendo la merienda de la tarde, la pequeña merienda de la mañana y el resopón, lo que le fortalece su creatividad y estado de ánimo, que no siempre estuvo armónico, confesando incluso intentos de suicidio (lo cuenta en sus imprescindibles libros «Instrumental» y «Fugas»). Y dice él: «Tan cabreado estaba por haber tardado nueve meses en descubrir todo esto, que por lo visto inventé un nuevo insulto: doble coño. Porque, de verdad os lo digo, haberme pasado nueve meses aquí muerto de hambre bien se merece una nueva expresión de indignación (estoy esperando a que la RAE le dé el visto bueno)».
Entonces, vía Susana -que se tuitea con él- le sugiero enriquecer el concepto coñil con el popular triple coño usado aquí en asuntos de asombro superlativo o sorpresa morrocotuda -¡coño, coño, coño!- como puede ser la caída fulminante del ministro Màxim, la confesión explosiva de Ricardo Costa o la destitución de Lopetegui en vísperas del orgasmo nacional... añadiéndole que en León existe la Casa del Coño, título que hoy le endilgan los malvados a La Moncloa... y a título de postdata, que también aquí le descubrimos y nos enamoramos de él con permiso de su novia argentina... Rhodes es una melodía cautivadora.