CORNADA DE LOBO
Gente muy religiosa
Quedamos en aquel tiempo o este hoy en que Dios no existía o en que, de ser así, era necesario matarlo lo mismo que se mata al padre según ordenan la tradición y el psicoanálisis. Pero se hace tan desoladora la orfandad, que compramos al instante otros dioses y otros padres, si es que no los teníamos ya comprados añadiendo premeditación al parricidio.
Es normal que quien abandona una religión suela convertirse a otra (Dios te libre de conversos, su fe furiosa acaba matando la inocencia o la bondad que pudieron conquistarles).
La nutrición, por ejemplo, ya es una nueva religión llena de iglesias, credos y tendencias muy expansivas y presentes en los púlpitos de la comunicación social, teles, redes, papeles, publis, estampas, menús, dietas santas, alimentos angélicos o curativos... y se crean trinidades: el aguacate es Dios, la quinoa es la Virgen y la cúrcuma el Espíritu que todo lo perpetúa. Su principal iglesia es la Vegetariana con sectas encabezadas por crudiveganos y veganos de «vénganos el tu reino»,
El animalismo tiene también toda la traza de convertirse en una religión velocípeda con adeptos en toda clase social. Gatitos y perritos son los arcángeles domésticos que nos tocan la lira mística y nos llevan desde su cojín bordado o del sofá que usurpan a sentir y defender el alma animal que fue dueña del planeta muchísimo antes que el hombre, religión animalista que crea cielos de armonías y pelajes coloridos ignorando piadosamente que la depredación voraz y el egoísmo cruel son la única ley que gobierna el mundo animal... vivir es comerse a otro.
Así que hoy tenemos en todo el mundo mucho ateo, laico o desapuntado de la fe que se muestra muy necesitado de seguir siendo gente religiosa, de religarse (religión es eso) a nuevos credos, entre los que están, como más seductores y seguidos, aquellos de dogma absoluto y combativo que empujan a sus conversos a un proselitismo implacable predicando sobre todo donde no les llaman (lo que sobran son púlpitos y cada cual lleva uno muy eficaz en el bolsillo). Y porque «fe no es creer, sino crear lo que no vemos».