De limpiabotas a cicerones
Un grupo de ‘lustras’ de La Paz hacen de guías de turismo por los lugares más populares de la capital boliviana.
Esther Valero es una de los treinta lustrabotas que participan en el programa de guías turísticos de La Paz. MARTÍN ALIPAZ
yolanda salzar | la paz
Los limpiabotas de la ciudad de La Paz se convierten en «guías alternativos» que muestran una cara más popular de la ciudad a propios y extraños que quieren conocer la capital boliviana desde otro punto de vista. Qué mejor que hacerlo con un guía que conoce las calles de la ciudad andina como la palma de su mano, sus recovecos, sus alimentos típicos, las historias y a las personas que habitan «ese lado no tan turístico» que muestra la vida cotidiana de un barrio popular de La Paz.
Los limpiabotas ofrecen sacar brillo al calzado de los viandantes en las esquinas de las calles, cargando su caja de madera con el betún y los trapos propios de su oficio y cubriéndose la cara con un pasamontañas para no ser reconocidos, debido a la estigmatización social de esta labor. «Cuando nos ven tapados algunos se asustan, pero (los turistas) ya saben que este es nuestro uniforme», cuenta a Efe Esther Valero, una de las guías que ofrece este recorrido.
Esta ruta turística nació hace al menos siete años gracias al proyecto Hormigón Armado, la Fundación Arte y Cultura y la alianza con Magri Turismo de Bolivia, con la finalidad de dar alternativas de trabajo a los «lustras», como se les llama cariñosamente, para mejorar su situación económica.
Fue precisamente obtener ese «dinerito extra» lo que motivó a Valero a formarse, a través de unos talleres, para ser guía turística. «Con la práctica me encantó ser guía porque hablo de lo que conozco, de mi ciudad, y me gusta bastante», añade.
El recorrido comienza en la Estación Central de Teleférico de la línea roja para dirigirse hacia la zona del Cementerio, donde se pasa por uno de los mercados para mostrar a los turistas tubérculos autóctonos como el chuño, la tunta y la qaya. Valero ya tiene sus «caseras» o vendedoras conocidas y lleva allí a los turistas para que puedan ver de cerca estos alimentos y que conozcan sus colores y texturas.
«No son lugares históricos ni lugares que están en guías de turismo, son los mercados donde pasamos nuestra vida cotidiana, hacemos nuestras compras, donde vamos a pasear o donde compramos nuestra ropa», señala Valero.
Los «lustras» cuentan con la ayuda de voluntarios extranjeros que hacen de traductores y acompañan a los turistas en el recorrido.