CORNADA DE LOBO
Amén, don Carlos
Fue el salmantino Javier Paz a ver al obispo en 2013 para tratar sobre su denuncia de abusos a un cura bien conocido en esa ciudad, Isidro López, «don» Isidro, grabando la conversación cuyo contenido ha publicado El País y de la que salió su llamativo titular: “Ahora la Iglesia es culpable de ocultar. ¿Y las víctimas, por qué se han callado?”. Lo dice monseñor Carlos López, obispo de Salamanca, presidente los últimos quince años de la Junta de Asuntos Jurídicos de la Conferencia Episcopal, es decir, cánones, leyes, pleitos y enredo leguleyo son su campo. A lo largo de la grabación intenta disuadir al denunciante con que esos delitos ya están prescritos o con lo inconveniente de andar en ruidos o prensas. Y añade la perla: “Si no hubiera prescrito y condenan a don Isidro y el juez civil le impone una indemnización, y al final si él no tiene dinero, ¿quién lo tiene que pagar?... Lo paga la diócesis. ¿Quién es la víctima entonces? Porque claro, la diócesis es también tu madre, y son los pobres”.
Pobre diócesis. ¿Ahí le duele?...
Es muy viejo el truco del victimario queriendo convertirse en víctima... o en perseguido desamparado porque se achaca a la ola de furioso anticlericalismo este afloramiento de denuncias, tan escasas aún pese al bulto que se deduce no mucho menor en España que en Australia, Irlanda, Estados Unidos, Bélgica... y aquí las víctimas ¿por qué han callado?, insiste monseñor.
Sugiere algunas razones Peláez, que estudió en un colegio donde era famoso un fraile retaco y sobón: 1.- Por pura vergüenza social o indignidad. 2.- Por sentirse hasta culpables. 3.- Porque un cura seduce, no violenta (salvo casos), abusa de su autoridad como santo varón o ministro del Señor y no pocas veces el niño complace o se ve recompensado con privilegios y regalitos. 4- Porque no se les escuchaba. 5.- Porque les acusaban de fantasía vengativa o calumnia. 6.- Porque temían represalias. 7.- Porque esos abusos pervirtieron su orientación sexual e incluso acabaron imitando esas conductas «piadosas». 8.- Porque el silencio les fue más leve que la denuncia que revive su infierno. 9.- Porque... amén, don Carlos.