SOCIEDAD
Coger el tren laboral tras la crianza, «difícil y desesperante»
Mujeres invisibles. Buscan trabajo después de varios años dedicadas a la crianza. Las que tienen estudios se ven apartadas por la edad y las que cuentan con menos formación sienten que no tienen opciones. Cinco mujeres cuentan su experiencia. .
Pilar, operadora de informática
ana gaitero | león
Por parir y por criar, perdí el tren de la vida
Por parir y por criar
Y ahora que quiero cogerlo, es de alta velocidad (bis)
Cualquiera que sepa la jota de Boñar puede entonar esta letra con la que la leonesa Nina Infante Castrillo sustituye a la popular Dos cosas tiene Boñar... en las muchas manifestaciones feministas en las que ha participado en Valladolid, donde reside.
El precio que las mujeres tienen que pagar por dejar el trabajo, si es que no lo han perdido, durante la etapa de la crianza es muy alto. Volver a empezar es una tarea titánica. El mercado laboral es una selva en la que todo reciclaje es poco y las mujeres se hacen invisibles a partir de cierta edad.
Belén, Begoña, Pilar, Agustina y Mª Ángeles son cinco leonesas que lo están intentando. Las cinco han llegado al Centro Municipal de Formación y Empleo (Cemfe) de San Andrés en busca de formación o de una oportunidad. La mayoría llegan con la carga emocional de que durante los años que han dedicado a cuidar a sus familias «no han hecho nada», apunta Silvia Arce, técnica de empleo en el Cemfe.
Y es que de cara a la sociedad no han hecho nada. «La sociedad no se da ni cuenta del trabajo que hacemos —para mí es un trabajo—; no se valora el esfuerzo que hacemos las mujeres porque siempre estamos ahí... El día que no estemos», comenta Belén, de 48 años.
Las circunstancias por las que algunas mujeres dejan la vida laboral al parir son muy variadas. Belén era ayudante de dirección. La primera vez que trasladaron a su marido de ciudad, ella pudo pedir un cambio dentro la misma empresa. Pero cuando le trasladaron a León «mi empresa no tenía base aquí y estaba embarazada de mi primera hija», comenta. Decidieron arreglarse con el dinero que ganaba él.
Ahora tiene tres hijas de 15, 12 y 10 años. «Mis hijas son felices y yo me siento realizada en el trabajo que he hecho», comenta. Quiere volver al mercado laboral. Ha intentado no quedarse atrás y reciclarse, aunque «es difícil», comenta. «Con toda la tecnología te sientes como un poco descolgada».
El caso de Begoña, 44 años y licenciada en Administración y Gestión de Empresas, es una sucesión de circunstancias que la dejaron sin empleo y con una depresión. Esta mujer licenciada en Administración y Dirección de Empresas cuenta que «me quedé embarazada, trabajaba a turnos y había dicho que cuando tuviera familia no podría tener ese sistema», explica. El día que salió de cuentas falleció su suegra. Dos meses antes de casarse había fallecido su suegro. «Mi marido se quedó sin familia», explica. Cogió una excedencia de un año y al volver «me tuvieron apartada y luego me despidieron». Han pasado nueve años. Tiene un hijo y una hija. Ahora lleva dos años buscando trabajo y «es desesperante».
Pilar trabajaba en una oficina de ingeniería en Madrid y su marido en León. Cuando dio a luz su marido iba los fines de semana. Acabó por coger una excedencia y al poco tiempo de volver al trabajo llegó el segundo embarazo. Su marido pidió el traslado a Madrid, «pero no se adaptaba», así que ella cogió otra excedencia y vino a León con las dos criaturas. Luego vino el tercero. Lleva un año y medio buscando trabajo y lo ve difícil. Lo dice una operadora informática que tenía «fama de buena trabajadora».
«Me casé y quise tener a mis hijos. Siempre soñé con criarlos», afirma Agustina. Con dos hijos de 18 y 16 años, piensa que «ahora es tiempo de ponerme en movimiento», asegura esta mujer que empezó a trabajar cuanto cumplió los 16 años.
A María de los Ángeles le coincidió el embarazo con el final de la empresa en la que trabajaba. «Me quedé embarazada y se acabó el trabajo. Pero creo que hubiera tenido que dejar de trabajar igual porque tuve mellizas», explica.
Han pasado cinco años desde entonces. «Ahora me he separado y estoy buscando trabajo», comenta. Lo tiene complicado porque tiene que compatibilizar los horarios de sus hijas en la escuela con cualquier actividad que le pueda salir. Es costurera y le han llamado de una gran empresa, pero los horarios, desde las seis de la mañana a las dos de la tarde o desde las dos de la tarde hasta las diez de la noche, son imposibles para atender a sus hijas.
«No tengo con quien dejar a las niñas», apostilla. Le denegaron la ayuda de 400 euros porque «murió mi padre y heredé unas fincas en el pueblo, dicen que es por exceso de patrimonio y sólo me da gastos», asegura.
Así que para poder comer, acepta trabajos por horas para limpiar en las casas. «Pero sin seguro ni nada», apostilla. Con una media jornada se arreglaría para salir adelante, pero cree que las empresas «no se adaptan a las que tenemos hijos».
Con la puesta en marcha del curriculum ciego entre las empresas del municipio, algunas mujeres en estas circunstancias han accedido a un puesto de trabajo en el hipermercado E.Lecrerc que implantó este verano la selección de personal sin datos personales de las personas candidatas. Cinco mujeres con dificultades para acceder al empleo fueron contratadas en la campaña de verano.
«Lo dejé por mis hijos y ahora me está costando incorporarme al trabajo», es una de las frases que más escuchan en el Cemfe de las mujeres que buscan empleo a partir de los 40 o más años. Una circunstancia que no se refleja en las estadísticas pero que mina su ánimo Una de las tareas que lleva a cabo el Cemfe es «empoderar a una mujer que ha hecho un trabajo importante» como es el cuidado de sus familias. Hace falta que la sociedad también lo reconozca. «Mi padre se desmoronaría si ve que estoy limpiando», dice Begoña, «se sacrificaron para darme una carrera». El estribillo de la jota de Boñar versionada por Nina Infante en homenaje a mujeres como Belén,Begoña, Pilar, Agustina y María de los Ángeles termina así: Que cuando plancho lerén, que cuando lavo
Que cuando friego lerén, que cuando paro