Diario de León

COOPERATIVISMO SOCIAL

Mirar de cara a la vejez

La leonesa Josefina Abella es una de las cooperativistas del proyecto de ‘cohousing’ Convivir, uno de los pocos que hay en España León aún no ha estrenado este modelo residencial

Josefina Abella Abad, natural de Cistierna, en el apartamento de Horcajo de Santiago, Cuenca, donde se ha instalado el proyecto Convivir. DL

Josefina Abella Abad, natural de Cistierna, en el apartamento de Horcajo de Santiago, Cuenca, donde se ha instalado el proyecto Convivir. DL

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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Una nueva forma de envejecer y un nuevo modelo residencial. El cohousing, las cooperativas promovidas por personas mayores, se abre paso lentamente en España. Sólo hay dos proyectos en marcha. Uno en Madrid y otro en Castilla-La Mancha. La leonesa Josefina Abella Abad es una de las comuneras del proyecto Convivir que se inició hace diez años con la adquisición de una finca en un pueblo de Cuenca, Horcajo de Santiago.

Sesenta personas se unieron para diseñar la vivienda-residencia en la que pasarán los últimos años de su vida. Cuentan con servicios comunes de comedor, lavandería, biblioteca y espacios de ocio y tienen indenpendencia en sus apartamentos, amueblados y decorados a su gusto. Como una vivienda cualquiera.

A medida que envejezcan y precisen atención por discapacidad o dependencia, si se da el caso, tienen cubiertos los servicios. Con esta iniciativa, en la que han invertido los ahorros o se han hipotecado, quieren dar respuesta a su vejez en primera persona.

«Toda la vida hemos planificado lo que vamos a hacer en los próximos años, cómo vamos a organizar nuestro dinero para comprar una casa que nos va a dar cobijo, cómo la vamos a decorar, cómo vamos a organizar las tareas del día a día... Sin embargo, parece que a partir de cierta edad, o dicho de otra forma, a partir de que te haces viejo, esto ya no cuenta», explica Josefina Abella.

Ella y sus compañeros y compañeras de aventura han querido romper el tabú de la vejez y han decidido mirar de frente a esta nueva etapa de la vida. Esta leonesa se sumó al proyecto hace 14 años y desde hace 12 forma parte del consejo rector de Convivir, que se elige cada cuatro años por votación de la asamblea.

El envejecimiento activo cobra otra dimensión: «Ya no se trata de hacer muchas cosas al día para entretenernos o para mantener a raya nuestra tensión y colesterol, sino que empieza a tener el máximo sentido porque nos garantiza que el tiempo que dure esta etapa seguiremos planeando, decidiendo y por tanto seremos seres activos y libres», precisan.

Josefina Abella Abad es leonesa aunque se fue a vivir a Madrid siendo muy joven. Está viuda y tiene un hijo y una nieta de nueve años. Desde que se jubiló buscaba una fórmula adecuada a su forma de vida independiente. «La cooperativa me pareció ideal porque decides tú», explica.

Es una de las comuneras que vive de continuo en el apartamento, excepto cuando va a visitar a su hijo y la familia en la sierra madrileña o viene a León a ver a su madre, que es una de las residentes más longevas de la residencia de Armunia. Ha podido conservar un piso en Madrid y cuando quiere darse un garbeo por la capital para ir de compras o al teatro también se toma esa libertad.

El pasado verano Josefina tuvo un episodio de vértigo y vivió en primera persona el funcionamiento del centro cuando se requiere atención médica y asistencia. «Vino la gerocultura, llamó al médico, fuimos al hospital y se encargaban de darme la medicación. Me pasé mes y medio mareada y me subían la comida a la habitación, venían a tomarme la tensión. Me sentí supercuidada», explica.

El edificio de Convivir cuenta con unos apartamentos especiales para personas con alzhéimer, aunque por ahora todas las personas que habitan este complejo residencial tienen autonomía física y psíquica. Se trata de cada persona reciba la atención adaptada a sus necesidades con respeto a sus «hábitos, ritmos y costumbres».

Este modelo de atención centrado en la persona supone una «re-planificación casi diaria de los recursos». «Contamos con servicios técnicos que nos acompañan y nos atienden en casa de manera personalizada», añade. Esta visión especializada ayuda en la toma de decisiones particulares «hasta el último día». Como ejemplo de la evolución de la vida en este nuevo ‘barrio’ comenta que muchos de los vecinos planificaron sus voluntades anticipadas tras asistir a la charla que les dio la enfermera dentro del proyecto Dibujando convivir. «Hay que prever las futuras necesidades», indica. No resignarse a lo que venga o dejar las cosas sin decidir, que a veces es fuente de conflictos familiares. Es ir poco a poco, con la vida. «Despistar esta realidad hace que a muchas personas se les corte la vida fríamente y que un día tengan que abandonar su entorno y su domicilio hacia un lugar «en el que no te conocen y a lo mejor ni te gusta», señala.

En Convivir estrenaron la casa hace tres años y en este tiempo ya han vivido muchas cosas. «Algunos se enfrentan a más necesidades por su estado de salud, pero el impacto personal se reduce al mínimo y no han tenido que abandonar su casa ni alejarse de sus vecinos y sus amistades. Los profesionales les conocen y les visitan con más frecuencia».

«Convivir no es una lucha contra lo socialmente establecido ni una forma de desacreditar el modelo residencial convencional», precisa. La idea de estas cooperativas, que son corrientes en otros países europeos, es contribuir al cambio de paradigma que se avecina con el colapso de las pensiones y el aumento de la población mayor. Actualmente las residencias públicas ya sólo acogen a personas dependientes.

Cuando la generación del baby boom envejezca, el sistema precisará de otras opciones diferentes a las actuales. «Existimos para colaborar en la evolución de lo conseguido hasta ahora, como es el sistema de atención a la dependencia, que aunque todavía imperfecta ha supuesto un gran avance», señala la leonesa.

La opción de envejecer en este sistema aún es cara. Josefina Abella se lo pudo permitir porque tenía un segundo piso que vendió y el coste mensual, 1.200 euros de mínimo (sube en función de la dependencia), requiere contar con una buena pensión o ahorros holgados. Aún tienen plazas libres.

Vecinos y vecinas del proyecto Convivir con profesionales del complejo residencial de mayores. DL

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