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GARCÍA TRAPIELLO
León

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Me manda no sé qué instinto ser plantista mucho antes que animalista, que también en su medida y huyendo de furibundias sentimentaloides. Las plantas fueron primero, los bichos vinimos después. Lo vegetal es el reino originario, lo animal llegó más tarde para hacer buen daño a las plantas, su dieta en tantos casos, destacando por su ferocidad los castores tronchasauces y los constructores con cuñado concejal y voraz.

Y si el árbol se va, el desierto ocupa casilla. Ahora comprenderás por qué una hierba es tan sagrada como un halcón o un gatito. ¿La seguirás quemando o pisoteando o meando?... creo que sí, lo vegetal no se queja ni maúlla ni da lametones y, claro, corazón que no oye, ¡ojos para qué os quiero!...

Me son de admirar especialmente en el reino vegetal aquellas plantas resistentes a los extremos, las que van del hielo al fuego poniéndose en jarras tan chulis, desde el gran baobab africano al líquen de Islandia que se cosechó un tiempo en las faldas del Teleno. Son entre las plantas las más escarmentadas y sabias; mira esas sabinas centenarias de Mirantes de Luna, no les quedó más remedio que apender a andar y subirse a la roca pelada para que el fuego no pudiera correrles por el pie, por eso existen... ¿y esos floripondios moñudos que crecen en sólo una rendijita de un campanario de piedra?... ¿y qué animal podría vivir los 4.000 años de un ciprés iraní o un tejo inglés?... ¿qué elefante ebrio podría delirar con alcanzar esa edad?... si la longevidad es el premio a los seres vivos que mejor saben sortear la muerte, las plantas parecen más listas que nosotros, reconozcámoslo... así que sueño con árboles por ser nieto de la obsesión del abuelo Severino y me duele el maltrato gratuito (y más el caro) a las plantas y arboledas, al monte, a la urdimbre vegetal que alfombra a jirones el planeta para que le lluevan encima malos humos o lluvias ácidas.

Además, son la única fábrica de oxígeno que tenemos... (y se me acaba el espacio que pensé dedicar a los diez madroñejos de junto a la Junta que tienen allí presos en cilindrones y con mala carita; mañana será).

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