Diario de León

MIEDO EN LA OSCURIDAD

Miedo en la oscuridad

«Siempre tuve miedo por la noche y ahora siento pánico al pensar que mis hijas van a sentir el mismo miedo que yo. No es nada agradable vivir con miedo». Es la voz de una leonesa, el primer mensaje que llegó a la iniciativa Espacios del Miedo en la capital. Mónica es una de las 44 voces que respondieron a Diario de León. Señalaron 38 lugares temidos..

La calle Las Cercas, que discurre entre la Muralla Medieval de León desde la plaza de Riaño hasta San Francisco es uno de los espacios del miedo. RAMIRO.

La calle Las Cercas, que discurre entre la Muralla Medieval de León desde la plaza de Riaño hasta San Francisco es uno de los espacios del miedo. RAMIRO.

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CARMEN TAPIA / ANA GAITERO | LEÓN
León

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Mónica ha sentido ese miedo que la mayoría de las mujeres conocen y que teme que sigan sufriendo sus hijas al subir la calle Dama de Arintero. Una calle entre los 38 espacios del miedo señalados por la ciudadanía a Diario de León. El miedo tiene sexo, lo sufren más las mujeres, y la oscuridad lo acrecienta. Hasta 26 de los 46 mensajes recibidos (hay dos personas que participaron dos veces) apuntan a las farolas y a su inexistencia o deficiente funcionamiento como causa para señalar sus espacios del miedo. Y temen, sobre todo las mujeres, ser atacadas.

«Soy mujer y quiero que las calles estén iluminadas y nos respeten», comenta una lectora que denuncia que por la noche «hay muy poca luz» en la calle Fotógrafo Pepe Gracia. El miedo a la oscuridad esconde el temor a ser el blanco de una agresión sexual. Aunque como apunta una lectora, «lamentablemente no tienen por qué ocurrir agresiones sólo en lugares oscuros y poco transitados». Desde el anonimato esta mujer denuncia que sufrió «una agresión de índole sexual regresando a casa de noche en la mismísima Ordoño II».

Varias leonesas, hasta un total de ocho, dan cuenta de ataques frustrados y hombres que se masturban escondidos en lugares apartados o persiguiendo y acosando a las mujeres. «Sufrí un intento de agresión de la que me libré por ser más rápida que mi agresor», dice otra ciudadana señalando el parque del Chantre. El sentimiento de culpa que acecha a las mujeres que han sido atacadas en algún momento de su vida también queda reflejado:. «Claro que la culpa es mía, porque, ¿qué hago yo ahí», escribe.

En la Pasarela de la Bota sobre el río Bernesga, a la altura de Eras de Renueva, otra chica menciona que se ha encontrado «varias veces a un chico y me ha empezado a decir cosas tocándose». Las pasarelas del río Bernesga, en general, son espacios temidos por las mujeres: «Cualquiera de ellas. Más de una vez he mirado para atrás y he acelerado el paso», indica.

«Hace seis años trabajaba de camarera en un after, Al volver a casa, vivía en la calle Caridad, un hombre me siguió hasta el portal y gracias que bajaba un vecino, porque se paró en la cochera y se llevó las manos a los genitales. Al entrar cerré la puerta tras de mí y el hombre estuvo forcejeando para abrirla». «También recuerdo ver a un hombre masturbándose en una calle tras el aparcamiento de San Pedro», añade Nadia.

En el paseo del parque de La Granja Sara denuncia que «hay poca luz por las noches debido a que los árboles tapan las farolas», da cuenta de otro episodio de acoso sexual por parte de un hombre «que se iba masturbando mientras me seguía». Los temores hacia los acosadores se reflejan en otro mensaje de una lectora que menciona el parque de Quevedo: «Más de una vez he visto hombres detrás de los arbustos y matorrales».

El miedo habita en también en la memoria. Los recuerdos de los ataques sufridos por las mujeres a lo largo de la vida también afloran en los mensajes recibidos en los Espacios del Miedo en León. En el parque del Polígono X «un chico me siguió y me tocó, pero fue hace muchos años», confiesa otra mujer.

En la calle Las Cercas, «ya no queda ni una triste luz de las del suelo para poder atajar» desde la plaza de Riaño hasta San Francisco, denuncia Ximena por correo electrónico. Otro motivo desalentador para transitar este espacio histórico del Casco Antiguo que discurre entre la Muralla Medieval de León es que es fácil encontrarse con «gente orinando», añade.

Ximena: "Aquí os dejo una perla. Entrada a las cercas de la muralla por la Plaza de Riaño en pleno Barrio Húmedo. Por las noches está lleno de gente orinando y desde la tarde ya no quede ni una triste luz de las del suelo para poder atajar hasta San Francisco"

Hay zonas que son señaladas en diferentes mensajes. Sucede así con diversos puntos de La Lastra. «No encienden las farolas» en la calle Paseo del Parque, en límite con La Lastra. Curiosamente, en la calle 8 de Marzo, entre las Antonio Vázquez y Campos Góticos, «se olvidaron de colocar farolas», apunta otra persona. Se trata de una zona peatonal con una acera ancha y flanqueada por un solar «en mal estado» y por la pared de un edificio. No hay calzada para vehículos ni tiendas o negocios que den un poco de luz a este espacio.

Los Espacios del Miedo ha sido una iniciativa a la que han respondido mayoritariamente las mujeres. Y entre los hombres que han participado hay preocupación por sus parejas, hijas o familia en general: «En La Lastra hay muchas zonas de esas en las que da miedo andar por la noche», apunta un hombre por wasap. «La que más afecta a mi familia es la plaza Cámara de Comercio de León, que es donde vivimos», justo por detrás del Incibe.

«A mi mujer le da bastante miedo y cuando mis hijas sean mayores van a padecer este miedo cuando salgan por la noche», sentencia el hombre. «Voy con mi hija pequeña y alumbrando con la linterna del móvil», atestigua una mujer en wasap de voz mientras camina por la avenida de La Lastra. «Tenemos un paseo muy bonito de día, pero de noche sólo alumbra una mísera farola», se queja.

«Soy corredor habitual y mi pareja, como otras mujeres, no puede ir por esta zona», manifiesta uno de los hombres que apunta como espacio del miedo las riberas del Bernesga y Torío desde el puente de La Lastra hasta Puente Castro. También la zona de la pasarela que cruza el Bernesga a la altura de la calle Gil de Villasinta es señalada como espacio inseguro. «Por la ribera del río da canguelo», confiesa una mujer. Desde Guzmán hasta la plaza de Toros «está prácticamente a oscuras. Así que caminamos por el Paseo de Papalaguinda», apunta.

Hombre, anónimo: "Hay una franja de doce farolas sin alumbrado".

El parking de la Junta y sus alrededores también es muy temido. «Está totalmente oscuro, sin ninguna luz. Por favor, intenten solucionar esto», dice una persona sin identificar por wasap. «Falta luz en la explanada de la Junta», añade otra.

Una mujer que denuncia la deficiente iluminación en los parques de Eras de Renueva, también señala el aparcamiento de la Junta. «Ni una sola luz de noche, es como la boca del lobo. Más vale no cruzarlo y, desde luego, no aparcar ahí», advierte. Los árboles que tapan las luces, sobre todo en verano son señalados en la Avenida de los Reyes Leoneses, junto al carril bici y el paseo peatonal de la orilla del Bernesga. También a la altura del Tanatorio de León, en Eras de Renueva, se observa «una franja de 12 farolas sin alumbrado».

Farolas que nunca han funcionado son el motivo de la denuncia de otro hombre en la calle sin urbanizar que lleva por nombre General Yagüe, paralela a la finca de la Escuela de Ingeniería Agraria, en Armunia. El barrio de Cantamilanos, con los cruces de la avenida de Asturias con la calle Mártires de Somiedo hasta la glorieta del centro cívico Ventas Oeste conforman en varios mensajes otro espacio del miedo en la capital leonesa.

«Está en absoluta oscuridad», apostilla. Sergio confiesa que sufrió miedo «volviendo a casa con su mujer» en una calle oscura que sale de la rotonda del Palacio de Congresos. «No entiendo por qué se ha dejado sin iluminación»esa calle mientras hay farolas que iluminan el Palacio de Congresos.

Mujer, anónima: "Me he encontrado un chico varias veces, tocándose".

La rotonda de Villaobispo de la ronda este, con el carril bici y el paseo peatonal de la Serna forma otra línea del miedo en los límites de la ciudad. Laura, una joven doctoranda de la Universidad de León, alega que tiene que rodear la calle La Serna «porque todas las farolas del carril-bici y peatonal están apagadas. Nunca las vi encendidas den cuatro años».

El miedo acecha a esta chica. «Cuando cruzo la ronda Este voy con la linterna del móvil para que los coches me vean». No sólo en el extrarradio, también en el centro o bien cerca, se siente el miedo. Por la avenida José María Fernández, en el barrio de El Ejido, «da pánico circular de noche. Soy mujer pero mis hijos varones opinan lo mismo. Se encuentra totalmente aislada y solitaria a partir de las 9.30 o 10 de la noche».

«Tiene muy poca luz», añade otra mujer. «Siempre me dio muchísimo miedo La Rúa», alega otra mujer. «Es muy oscura y tiene muchas callejuelas donde siempre pensé que podría esconderse alguien fácilmente».

La iniciativa Espacios del Miedo que Diario de León mantuvo activa durante 12 días, entre el 6 y el 17 de febrero, también ha recogido varios lugares temidos por el tipo de gente que los frecuenta. Un hombre pide que incluya en «la lista de lugares peligrosos» la calle Tres Mitras del barrio del Tío Canario, entre Álvaro López Núñez y Federico Echevarría. En la calle Francisco Fernández Díez, del barrio de La Vega de Armunia, una mujer asocia «inseguridad y más miedo» al hecho de haya personas fumando marihuana.

También los botellones, como los que se observan en la plaza Cámara de Comercio de La Lastra, o la callejuela de Maestro Copín, del comedor social, como lugares del miedo. La calle Campanillas, por detrás del Musac, es el espacio del miedo para una mujer de 61 años.

El pasaje entre Reino de León y Juan XXIII también es anotado. Otro factor que influye en el miedo es el estado de abandono o deterioro urbanístico, como es el caso de un vecino de la calle Cartagena y las callejuelas aledañas, una casa abandonada en el parque de La Granja, edificios a medio construir, «donde se mete gente» al final de Eras de Renueva.

Desde la avenida de Peregrinos sólo se puede tomar un atajo por «un camino de tierra entre dos descampados» si no se quiere subir por la carretera de Carbajal, lamenta el mismo lector. La calle Príncipe, de San Andrés, en el límite con León, fue señalado por una mujer como un lugar sospechoso de agresiones sexuales. Está entre un descampado y un camino que va a dar hacia una casa alejada. La mayoría de las personas que han participado han agradecido de forma explícita esta iniciativa de los Espacios del Miedo. Incluso hubo mensajes de otras ciudades de la provincia.

Fotografías: Ramiro López, Jesús F. Salvadores, Marciano Pérez, Fernando Otero y colaboraciones ciudadanas. Infografía: Rubén González. Mapa interactivo www.diariodeleon.es: Luis I. G. de Tuya. Maquetación: Luis Ángel Cano Pinto.

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