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GARCÍA TRAPIELLO
León

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Rivera ya no menea aquella vieja bandera abolicionista de las diputaciones provinciales con la que levantaba polvaredas hace tres años de tanto flamearla. Han debido decirle ¡cuidao, salao!, que esa es una población de votos funcionarios que te harían un gran roto si se enfurecen porque ya están sobre ascuas temiendo (y sabiendo) que sobra lógica para exigir si no una abolición, sí una redefinición radical de las diputaciones porque estos organismos decimonónicos son hoy redundancia en competencias impropias que corresponden al gobierno regional, con su duplicación de costes al obligarse a fundir la mitad del presupuesto en gasto corriente, nóminas, mantenimiento... y su triplicación de instancias, aunque estas diputaciones sirvan de maravilla, sin embargo, como tenderete cartaginés para que la política local tenga también su parcelita clientelar, sus sillonas para premiar a los leales, sus repartos, sus dineros con anzuelo... pues quien controle una diputación controla también el cotarro de su partido al tener presos del favor a sus alcaldes y penalizar a su vez a los ajenos, así que las diputaciones son demasiado juguete envenenado para que quieran soltarlo esos gichos, lamentó Peláez... y como estaba en el abuso de la palabra, prosiguió: ¿cuántas diputaciones en España no han acabado en dimputaciones?... ¿y por qué dicen que, si desaparecieran, los pueblos perderían el único apoyo con que cuentan, asegurando que son «ayuntamiento de ayuntamientos»?, ¿es que no los mataron ya casi del todo como salta a la vista... ¿por qué no han de cubrir esa obligación los gobiernos regionales?... ¿y ese argumento de que la provincia acabaría perdiendo su identidad si no hay diputación?... a ver, la identidad de un lugar reside solo en tres sólidas patas: su patrimonio natural, el histórico y el cultural... esos son los campos propios y la prioridad de toda diputación que, sin embargo, deja que los gobiernen manos lejanas, ¡de locos!... y exigen además tanta tarea (serene el fundionario sus miedos), que necesitarían incluso más personal del que hoy deambula en estas instituciones.

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