CORNADA DE LOBO
Pluma y voz
Hay calecho hoy en Madrid porque en la Casa de León se filandonea la figura de Alfredo Marcos Oteruelo, enorme señor de traza enjuta y corazón ancho, periodista y director, cátedro de Filosofía, fundador de academia de formación, poeta en marcha, empresario a la par, pluma en papel y voz en el aire de las Cortes de Castilla y León donde fue viceportavoz de los populares y aguijón cultural, así como presidente del consejo asesor de la televisión regional.
Érase un hombre a un pensamiento pegado, érase un pensar superlativo... y ya no volví a ver aquella talla entre los timoneles de medios leoneses.
Paco Umbral le describió así en 1981: «Alfredo Marcos Oteruelo, uno de los primeros periodistas que creyeron en mí. Débil de hechura, fue la fuerza más fuerte en que pude basamentarme para empezar a creer en mí mismo... contra aquel alcalde fáctico, contra la Sección Femenina, contra la prensa del Movimiento, contra los reticentes insultantes poetas locales. Alfredo, yo y mi vocación. En la columna que me encargaste aprendí a hacer columnas».
Es verdad que, siendo Marcos Oteruelo director del «Diario», dio cobijo a cierta inconformidad en un León tendero, levítico y de autoridad peripuesta. Apostó por jóvenes no embridados al oficialismo pánfilo, fichó a Jose Luis Aguado y a Hernando Calleja o, al poco, al que suscribe, en 1971; haciendo Derecho yo, me brindó escribir reporteando aquel verano... y hasta hoy; este oficio envicia. Poco después llegaron Manolo Nicolás y Carlos Bernal, un rojeras y un descreído (¡en el «periódico católico decano de la prensa provincial» que rezaba en su mancheta!), dándonos el papel de ala peleona en aquella redacción, lo que evidencia no solo liberalidad y criterio en Alfredo, sino ojo clínico, parece. Con él y en aquella redacción aprendí infinito más periodismo que en todo mi tiempo de facultad de Información en la Complutense. Fueron años de apostar cambios y Alfredo los timoneó; pero detrás le negaron otros.
Este periódico sigue teniendo con él una grave deuda. Y yo.