ARTESANÍA EN SANTIBÁÑEZ DEL PORMA
El hilo que conecta mitología y tradición
El colectivo Entretejid@s inaugura en una chopera de Santibáñez de Porma una instalación de nidos tejidos a mano con textil de desecho de Val de San Lorenzo y otros productos naturales que simulan la corona de la diosa tejedora Ariadna. .

Sandra González, Beatriz Salvador y Cristina Ibáñez, ayer en la chopera de la Fundación Merayo en Santibáñez del Porma. MARCIANO PÉREZ
Siete estrellas caen desde anoche sobre la chopera de la Fundación Merayo de Santibáñez del Porma. Son nidos de pájaros que simulan cuerpos celestes confeccionados con orillos de lana de desecho de Miguel Cordero— la única fábrica de lanas que sobrevive en Val de San Lorenzo—, zarzas, paja, yute, esparto y ramas del río. Materiales naturales, como los que utilizan las urracas, el pájaro en el que se han inspirado las cuatro artistas del colectivo Entretejid@s, vinculadas a la Escuela de Arte de León, para diseñar en un espacio rural uno de sus primeros proyectos que esperan que adquiera más calado con el apoyo de Europa Creativa, el programa marco de la Comisión Europea para respaldar los sectores cultural y audiovisual.
Los nidos de las urracas, el pájaro que da nombre a la reina de León que se enfrentó a los hombres de su época y pronunció la histórica frase «el rey soy yo», sirven también para representar otra corona, la Borealis que tocó la cabeza de otra reina diosa, Ariadna, máxima representante mitológica de las mujeres tejedoras por tejer el hijo que salvó a su amado Teseo del laberinto del minotauro. «Urraca y Ariadna son mujeres empoderadas». Este hilo argumental del proyecto de Ana María Campos, Sandra González, Beatriz Salvador y Cristina Ibáñez, es el de la conexión entre naturaleza, mitología, tradición y el peso de la mujer en la zona rural. «Los nidos representan el refugio, el icono de la infancia, la naturaleza y la construcción de forma natural», explica Cristina Ibáñez, artista y profesora de la Escuela de Arte de León. «El espacio elegido es el que conecta con la naturaleza, una chopera que es paso de pasto para las vacas». Para permitir el tránsito de los animales los nidos estelares están colocados a una altura de tres metros. Al mirar hacia arriba, el espacio entre los chopos está tejido con forma de corona, una simulación área celestial que se hace visible en los meses de verano.
«Ha sido un proceso consensuado. La idea inicial era hacer una espiral con cuerdas de desecho, pero en nuestras conversaciones surgieron muchas ideas, que poníamos en común y votábamos», explica Sandra González, artista de 22 vinculada a la Escuela de Arte de León. «Ha sido una gran oportunidad para afianzarme en el mundo del arte y trabajar en equipo. El proceso para llegar a acuerdos ha sido apasionante».
El proyecto busca implicar a empresas de la industria textil, tanto nacionales como internacionales, que quieran abastecer a las artistas con materiales de desecho de su producción.
«Yo trabajaba de contable y necesitaba un cambio en mi vida. Cuando me quedé en el paro aposté por el arte, porque siempre había querido dedicarme a eso. Nuestro medio de expresión para este proyecto son las fibras», destaca Sandra González.
Los materiales naturales son la base para la elaboración de proyectos artísticos Land-art y Eco-art, que se ponen en marcha de manera colaborativa en un entorno cercano a las empresas que colaboran en los proyectos con textiles. «Queremos trasladar esta idea a otras provincias y países con tradición textil como Portugal, Irlanda o Polonia, y adecuar las instalaciones al entorno en el que actuemos», asegura Cristina Ibáñez.
Arte lanar
«Hemos trabajado con tres sacos de orillos blancos y marrones de la fábrica de Miguel Cordero de Val de San Lorenzo. Para darle el destello de luz de las estrellas los hemos teñido de tintes naturales. Nos encanta ese punto de color», destaca del proyecto Ana María Campos. Las estrellas en forma de corona se despliegan en un espacio de 200 m2. «Nuestra finalidad es hacer una obra textil en la naturaleza inspirada en el arte lanar».
«Mi abuela, mis tías y mi madre tejían, pero en esa época lo pasaban mal, lo que provocó que lo rechazaran para la siguiente generación, que animaron a estudiar. Pero, como es mi caso, lo llevo en la historia genética. Yo siempre había querido aprender y ellas querían que estudiara», relata Sandra González. «Tejer es dejar que el cerebro se valla a las manos y contar historias al mismo tiempo junto a otras mujeres. Es un proceso terapéutico».
El proyecto Ariadna tiene como objetivo implicar a las empresas de la industria textil nacionales e internacionales «que estén dispuestas, sin contraprestación económica, ceder materiales de desecho de su actividad para abastecer el proyecto», que se hace de manera colaborativa. «También la vinculación con la enseñanza y la generación de proyectos artísticos en el entorno».