Diario de León

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p. infiesta | la virgen

Nadie recuerda cómo surgió la costumbre de tocar las narices al santo, pero el gesto es tradición. Mañana 5 de octubre, su fiesta, el Froilán largirucho y asceta que sujeta un báculo de obispo, aguardará a sus fieles en la entrada sur de la Basílica de La Virgen del Camino, donde el catalán Josep María Subirachs lo esculpió hace 60 años en una puerta del templo. El cartílago de bronce ya se ve ligeramente desgastado. No en balde, los romeros (y serán 60.000) deben cumplir con el viejo rito de tirarle tres veces de su apéndice so pena de que no conceda el deseo que le piden.

También es tradición besar el manto de la Virgen del Camino, la patrona de la Región leonesa y dulce madre que obra milagros; al igual que es de ley comprar los perdones, esas avellanas que inundarán decenas de puestos y que se adquieren desde tiempos inmemoriales cuando los mozos llevaban a sus novias un puñado de estos frutos comprados en el mercado del santo para hacerse perdonar por llegar tarde de la romería. Un mercado en el que mañana también habrá castañas del Bierzo, ajos, morcillas, chorizos, mantecados, miel, prendas de ropa, bisutería, cerámica...

Ahora, junto a las antiguas costumbres se suma una moderna, realizar un selfie con la efigie de Froilán, el santo que veneró León y recorrió tantos caminos.

¿Pero quién era? Froilán nació en 833 extramuros de Lugo, en el Camiño de Regueiro dos Hortos, que entonces era una aldea y hoy un barrio de la ciudad gallega. Consta que estudió hasta los 18 años, tal como en la Edad Media se exigía a quienes se preparaban para el sacerdocio. Una crisis espiritual le empujó a andar hasta el Bierzo, cuajado de santuarios y monasterios, monjes y eremitas.

En la gruta de Ruitelán, una pequeña población de Vega de Valcarce, Froilán se convirtió en ermitaño. El poder de su palabra ejerció de imán y se difundió entre los vecinos. Cuentan que introdujo unas brasas ardiendo en su boca y como no se quemó, vio la señal divina para seguir la senda. Tras la predicación en tierras bercianas, llegó hasta las montañas del Curueño, donde se unió al sacerdote aragonés Atilano, hasta que buscan mayor acogimiento en una cueva de Valdorria, la gruta de San Froilán.

A petición de la gente, descienden a la hondonada de Valdecesar. Su fama llegó a oídos del rey Alfonso III, quien le llamó hasta Oviedo y le ofrece ayuda para descender hasta la Vega del Esla, en tierras de Zamora, para colaborar en la repoblación y evangelización del territorio del Duero. Funda sucesivamente los monasterios de Tábara y Moreruela de Tábara, responsabilizándose él como abad y Atilano como prior.

En la primavera del año 900 llegó a la iglesia de León, de nuevo a petición del pueblo. Él y Atilano fueron consagrados obispos el día de Pascua de Pentecostés, Froilán para la Diócesis de León y Atilano, el primero de Zamora. Su pontificado, muy fecundo, solo duró cinco años, ya que murió el 5 de octubre del año 905. Fue enterrado en el mausoleo del monarca. El pueblo le aclamó como santo y la Iglesia le declaró patrono de la Diócesis de León. Sus reliquias, para ser liberadas de las invasiones y profanaciones de Almanzor, fueron escondidas en Valdecesar y en la Granja de Moreruela hasta regresar a la Catedral de León.

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