Diario de León
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León

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Tiene un patrimonio natural digno de admirar. El municipio de Puebla de Lillo se ubica en uno de los parajes naturales más bellos de la provincia, de ahí que sea visita obligada para los amantes de la naturaleza. No en vano, es uno de los pocos municipios leoneses que cuenta con recursos naturales en los que basar, de una forma racional, iniciativas turísticas, de ocio, deportivas, culturales, paisajísticas y medio ambientales. Lagos de origen glaciar, pantano para actividades náuticas y deportivas, reserva de caza, un impresionante pinar autóctono, flora y fauna variada y protegida, núcleos de población de alta montaña que han conservado sus tradiciones y, todo ello, a la sombra de Los Picos de Europa, un escenario capaz de dejar con la boca abierta a más de uno.

La estación invernal de San Isidro es una de sus señas de identidad y se ha convertido en una de las más importantes del noroeste peninsular. Pero Puebla de Lillo tiene otros muchos recursos naturales que le convierten en un lugar muy interesante para ser visitado. Destacan, por ejemplo, la variedad de rutas para recorrer en medio de una abundante naturaleza. Una de ellas es La Cervatina, un recorrido circular a pie o en bicicleta que parte de Puebla de Lillo —donde también acaba— y que discurre a lo largo de 13 kilómetros por una pista forestal de dificultad baja desde la que se puede ver, entre otros, un mágico rodal de tejos centenarios, la ermita de Pegarúas o las minas de talco de Respina.

Otra buena elección son los Picos de Mampodre. En un recorrido que sale de Redipollos y que se prolonga durante algo más de 15 kilómetros, nos invita a disfrutar el paraje de los Torcedos, que acoge una gran variedad de aves. Rapaces como el gavilán, córvidos forestales como el arrendajo, pájaros carpinteros como el pico picapinos o el torcecuellos habitan estas tierras llenas de encanto. La majada de Los Soportales y la Collada Fermosa protagonizan también esta ruta.

Del área recreativa de Cofiñal parte el sendero Entrevados-Valle del Pinzón, de 14,5 kilómetros y dificultad media. Aquí prados y choperas riegan un todavía joven río Porma y se puede disfrutar de la cascada de los forfogones o la Reserva del Pinar de Puebla de Lillo, al tiempo que se recorren las faldas de la peña de San Justo. La pista de la Vega del Porma pone el punto y final al camino.

La ruta de Las Biescas comienza en la calle principal de Solle y ofrece al visitante una preciosa vista panorámica. Un espeso bosque de avellanos guía a quien lo recorre hacia el collado de Orones, desde donde se puede apreciar el valle del pueblo del mismo nombre a la vez que se disfruta de los Picos de Mampodre.

El embalse del Porma es otra de las señas de identidad de este municipio y cuenta con una ruta que recorre el margen derecho del embalse hasta el pueblo de Rucayo.

Puede presumir de belleza el Lago Ausente, un paraje que también ofrece una ruta para disfrutarlo y que se inicia en el área recreativa de El Praico con una longitud de 2,9 kilómetros. Lo mismo ocurre con el Lago de Isoba. A través de un sendero que parte de Puebla de Lillo se llega, tras recorrer seis kilómetros, a un lago en el que vive una nutrida colonia de rana verde.

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