Diario de León

Cornada de lobo

Los ácaros y la Padresanta

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León

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Había una casa chula, como apeada del monte contiguo, alineada en el tramo de carretera entre Garrafe y la Flecha, una casa a la que siempre volteábamos la mirada porque tenía corredor de solana, porticada su entrada con fuste de negrillo y dibujado todo ello con esa bendita irregularidad de las cosas hechas a golpe de brazo e ingenio popular. Bellísima me pareció siempre con su dibujo tradicional y su maderamen vencido, pero resistente a los siglos. Hoy, a esa casa le han puesto el traje de estos tiempos, se han cargado su pellejo revistiéndolo con azulejos de sanitario y el viejo corredor lo han cegado enteramente con carpintería de aluminio, o sea, han jodido la cosa y han empadronado allí al espanto de la vulgaridad. Están en su derecho; es su casa; pero también estamos en el nuestro de criticar si cada vez que cruzamos ante ella se nos pone el estómago en la boca y la fe en el culo. Con tanto azulejo blanco parece ahora un dispensario pobre de pueblo agonizante; nada que ver con su esencia original y con la sustancia vital que alojó. Comentando el asunto con mi madre me indicó que esa casa era famosa porque allí vivió la Padresanta. ¿Cómo? Sí, la llamaban la Padre Santa. ¿Y por qué? No recordaba las razones o el origen del apodo, curioso a más y no poder: la Padresanta suena pero que muy bien, enigmáticamente, y evoca santerías milagraras, mayordomía de ermita o curanderismo secreto. El caso es que a la vieja casa de la Padresanta la han higienizado por fuera y la han vestido con un aire de pulcritud rectilínea que asquea de pura asepsia. Y entonces me acordé de otras manías profilácticas de este tiempo nuestro, manías de exagerada limpieza y desinfección. Los ácaros, por ejemplo. Ahora las paisanas se excitan cuando oyen la palabra: ácaros, la bestia invisible. Y compran carísimas aspiradoras que garantizan la destrucción de estos arácnidos invisibles. Después te endilgan un colchón de magneto-látex que impide el paso de estos bichitos familiares. Mucha profilaxis parece. Los ácaros son parte de nuestro ecosistema personal y nos viven permanentemente, por ejemplo, en las pestañas. Tanta higiene es aberrante y nos desprotege. Y al final nunca te explicas de donde te vienen las alergias.

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