...De tsunamis y personas
Una sociedad cuya única brújula es el egoísmo, el de ejercer mis derechos personales sin tener en cuenta los del otro, deriva inevitablemente en el beneficio y disfrute de unos pocos y en la esclavitud y opresión de la mayoría, frecuentemente, los más vulnerables. Esto es lo que hemos demostrado que somos socialmente; pero ese dejarse llevar a la deriva por lo que yo quiero ahora, es el inicio también de mi propia vulnerabilidad.
Hemos ido afianzando una dictadura que no reconoce nada que sea ajeno al propio interés, y esto, paradójicamente, nos destruye.
Cuando todo lo que puedan sufrir los demás nos da igual y la única medida ética es el propio yo y sus antojos, corrompemos nuestra comunidad, y con ello, el beneficio de que esta pueda protegernos de la vulnerabilidad; es el precio de esa medida ética que juzga si algo está bien o mal en función de si empodera mis derechos o me obliga a asumir mis deberes.
La tercera ola de la pandemia covid19, bien llamada tsunami, está en desarrollo. El personal sanitario abrumado por sus características intenta reorganizar los recursos materiales para una mayor atención de los ciudadanos. Es un personal agotado, sorprendido y sobrepasado; ha dado lo mejor de sí para que el Sistema Sanitario de Salud no colapse desde hace ya casi un año. Un personal que ha sido valorado por unos y fustigado por otros, pero sigue firme.
Cada ciudadano ha de asumir la responsabilidad que le pertenece para no complicar más la atención sanitaria. No podemos seguir haciendo lo que nos apetece porque no nos sentimos vulnerables y exigir luego el derecho a ser cuidado porque nos rozó la vulnerabilidad. El egoísmo nos convierte en una sociedad frágil en la que se hunde la propia seguridad.
Hemos de alzar la mirada y alcanzar la verdad de quiénes somos; seres sociales que se preocupan por los demás. Debemos recortar los propios derechos en favor de la salud del otro, modificar el ahora por un futuro más seguro para todos, reconducir nuestra actitud por y para el beneficio del vulnerable. Estamos ante un tsunami incapaz de poder ser controlado en el que hay mucho sufrimiento en juego. En nuestra mano está poder reconducir esta realidad.