Diario de León

Cornada de lobo

Estofados con guarnición

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León

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Ese mar del Estrecho es como el gran río del Serengueti que todos los años cruzan los ñus en su transmigración buscando pastos. Los ñus (¿o son ñues?) saben que una parte de ellos son cuota que hay que pagar a los cocodrilos y son engullidos por las fauces de la fatalidad natural. Otros cuantos son para leones y depredadores al salto. Finalmente, llegan a su destino, llenan la andorga de forraje, de la panza sale la danza y se aparean, se repone con nueva criatura la población perdida y la rueda de la vida cumple otro año. Eso es que sobran ñus, piensa alguno al ver las multitudinarias manadas que llenan de patas las lineas del horizonte. No pasa nada. Tranquilidad en el alma. Es ley natural. La nación ñu seguirá existiendo, concluyen. Algo así es el Estrecho y su devoración. ¿Cuántos ñus africanos ha engullido ese río-mar antes de dejarles llegar a los pastos europeos de la abundancia y del despilfarro?... ¿Cuántos más serán devorados por la depredación laboral que a tantos les espera bajo tendejón de plástico, chabolo indigno, explotación mafiosa, ordeñamiento inmisericorde?... Sobran ñus, piensa el capataz; ¿lo ves?; no dejan de cruzar en tropel buscando serenguetis españoles o europeos. Así que... pomada a la conciencia y a inflarles la andorga con patatas para que se apareen de esa forma que tienen los pobres y rediman nuestra natalidad cero, la cotización laboral y ocupen las plazas carcelarias que deberían cubrir los etarras. Vaya plan... El último episodio de esta tregedia han sido esos cinco marroquíes que aparecieron tiesos y entiznados en un camión de verduras que cubría el trayecto de Agadir a Sevilla. Encaramados entre el techo y la mercancía, se asfixiaron al incendiarse la refrigeración y en unos minutos pasaron del frigorífico al horno, y del horno al limbo de los ñus. Es tremenda la foto que les retrata en este mudo tránsito. Terrible muerte. Otra más. Cambia de canal y cómete la sopa. Un suspiro y un hastío son nuestro responso... Ahora la pregunta es: Retirada la carne aburada de este estofado camionero, ¿qué harán con las judías verdes que colmaban el transporte? Esas sí llegarán al mercado. Quizás son las que has de comer tú. Pero, favor, no olvides que fueron la guarnición de la muerte.

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