Derechos de los menores en internet
La red sabe más de un menor que su propia madre
Internet dispone de 100.000 datos de cualquier persona cuando cumple 18 años

Un menor utiliza el ordenador para estudiar en Ecuador. JOSÉ JÁCOME
No es ciencia ficción. Cuando una persona en Europa cumple la mayoría de edad ya tiene almacenado en la red entre 75.000 y 100.000 puntos de información muy específica sobre él o ella, como el tipo de películas o alimentos que le gusta, su estado mental o preferencias sexuales.
Esos y muchos otros tipos de datos se recolectaron mientras esa persona era un niño o niña y utilizaba internet, dice a Efe el especialista en la infancia y miembro del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, Philip Jaffé.
Esas informaciones quedaron registrados en la mayoría de casos con fines puramente comerciales, sin un consentimiento expreso y obviando que los niños también tienen derechos cuando interactúan con internet.
El Comité al que pertenece Jaffé emitió ayer la primera guía jurídica sobre los derechos de los menores en el mundo digital. El documento deja claro que el uso de los datos personales debe ser reglamentado y que no hay concesiones que valgan.
«Los niños sufren de distintas formas de violencia en el mundo digital y una de ellas es de tipo comercial, cuando el niño es visto como consumidor y es víctima de prácticas que le roban su identidad o lo exponen a un ecosistema donde hay mucha violencia o una hipersexualización», explica Jaffe en una entrevista con Efe en Ginebra.
Los dieciocho miembros del Comité pasaron gran parte de su tiempo en los últimos dos años entrevistando a más de 700 niños y adolescentes sobre su utilización de internet y sus mayores temores al respecto.
Desde África hasta Europa, se recogieron opiniones de menores de todas las regiones del mundo y aunque su acceso a internet —por obvias razones socioeconómicas— era muy disímil, sus preocupaciones eran sorprendentemente similares, empezando por el miedo a contenidos violentos, a la geolocalización, a revelar su identidad o a ser secuestrados por un predador sexual.
Los propios niños también temían ser víctimas de acoso, de sexting (intercambio de mensajes o imágenes explícitamente sexuales) y de presión sexual.
Las redes sociales son espacios donde esa violencia se hace visible a través de juegos o desafíos peligrosos que grupos de jóvenes se lanzan entre si, como adelgazar lo más rápido posible o hacerse incisiones en los brazos, dos casos que Jeffé halló en Tik Tok. Los niños se encuentran indefensos frente a todos estos abusos porque ningún país cuenta con una legislación que dicte los criterios que el sector privado debe cumplir para que los niños estén protegidos y a la vez empoderados, en el mundo digital cada vez más creciente.