DESCANSE EN PAZ
Son los héroes que impulsaron la ley de la eutanasia. Y sus familias. Lucharon hasta el final por legalizar la muerte digna. No están aquí para celebrar la decisión del Congreso de los Diputados. Por ellos lo hacen sus maridos, sus esposas, sus hijos.

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Luis de Marcos, con esclerosis múltiple, murió en 2017. Maribel Tellaetxe, en 2019 con alzhéimer avanzado. Y ese mismo año falleció María José Carrasco, enferma terminal también con esclerosis múltiple. En vida, los tres lucharon por la eutanasia y ahora sus familiares celebran la aprobación de una ley que ven histórica. La ley de la eutanasia. El derecho a morir en paz.
La asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) lleva luchando por la eutanasia desde hace casi 37 años, el derecho a decidir cuándo y cómo morir. Tienen por himno el ‘Canto a la Libertad’ de José Antonio Labordeta.
Maridos, esposas e hijos llegaron a reunir un millón de firmas para pedir a los diputados que se regulara la ayuda a morir con el fin de que nadie se viera obligado a padecer lo que sufrieron sus familiares.
«La semilla ya estaba echada, el último impulso puede que lo diéramos María José y yo, pero hay que agradecérselo a Ramón Sampedro, a Luis de Marcos, a Maribel Tellaetxe, son ellos los verdaderos protagonistas», señala Ángel Hernández.
A finales del verano se celebrará el juicio contra él por ayudar a su mujer a cumplir su deseo, acercándole un vaso con pentobarbital sódico y una pajita para que ella, inmóvil, pudiera tomar un fármaco letal. La Fiscalía pide para él seis meses de prisión, aunque ha avanzado que apoyará el indulto si es condenado y se solicita.
«Es un despropósito que yo esté en un juzgado de violencia sobre la mujer, no sólo no hay pruebas, no hay ningún indicio de que yo haya violentado a mi compañera», afirma con una fotografía de María José en el pecho en este día que considera «histórico».
Nadie ayudó finalmente a morir a Maribel Tellaetxe, que falleció en marzo de 2019 con alzhéimer avanzado después de hacer prometer a su marido y a sus hijos que respetarían su voluntad de no vivir si la enfermedad le hacía perder la cabeza.
Su marido, Txema Lorente, y sus hijos David y Danel recuerdan la «rabia y el dolor» con el que recogieron firmas para ayudar a Maribel a morir dignamente, sin llegar a tiempo. Aún así, Danel, que da gracias a su ‘amá’, una «leona luchadora», por los genes que les dejó y que les empujaron a trabajar por la ley aprobada ahora.
«Estaría orgullosa, feliz de la camada que ha dejado, del legado. Mi ‘amá’ siempre fue una luchadora nata, una defensora de lo que consideraba justo, tanto para ella como para los demás», asegura Danel.
Asun Gómez tiene claras las palabras que diría Luis de Marcos, su marido, si hoy viviera: «Te lo dije que lo conseguiríamos».
«Luis era muy inteligente, muy divertido, guapo, vital, era muy buen deportista, se lo pasaba bien con todo, toda la música la descubría él, las películas me las recomendaba él. Le gustaba la vida, pero lo que él tenía al final no era vivir», rememora al recordar cómo hace cuatro años su marido le dijo «te quiero mucho, pero yo me voy».
Empezaron entonces a recoger firmas en change.org y ahora ve los frutos en el Congreso en una votación que no fue unánime porque el PP y Vox rechazaron la ley, defendiendo que se debe apostar por los cuidados paliativos.
«A Luis no le servían los cuidados paliativos. Los propios médicos decían, le quedan días, que luego eran meses, pero no hay ninguna droga que le podamos aplicar que sirva mínimamente para mitigar el dolor», afirma Asun.
A su marido, asegura, no era tanto la tetraplejia que le mantenía inmóvil como el dolor insufrible lo que le llevaba a querer morir. «Todos queremos vivir, pero cuando alguien que no está depresivo y que tiene su capacidad cognitiva al cien por cien te dice no puedo más es porque realmente no puede más», asegura.
Ángel Hernández también ve falaz el argumento de que los cuidados paliativos pueden sustituir en todos los caso a la eutanasia y reconoce, con voz muy seria, que la posible vitoria de la «extrema derecha» en Madrid empaña su felicidad.
«Tengo sentimientos encontrados, este es el último escalón para conseguir esta ley, pero si gana la extrema derecha en Madrid va a bloquear esta ley», alerta.