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León

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Católico viene del griego kazolikós y significa universal. El diccionario añade definición al término y dice «que comprende y es común a todos; y por esta calidad se le ha dado este nombre a la Iglesia Romana». Sin embargo, hay pilón de obispos que, antes que católicos, son holandeses, polacos, irlandeses o de la diócesis de Vich... o los obispos vascos, que son exclusivamente pelotaris del rebote y zagueros de un dogma convertido en frontón. La supuesta universalidad de su doctrina queda empantanada en lo local o en esclusas en las que van cambiando su nivel de navegación, doctrina aplazada en el cielo o bien follada en esta tierra cuando se trata del interés particular de sus parroquianos, de sus cuitas de corral y campanario. Y rebotados andan los prelados eukaldunes y el somatén episcopal de la Catalunya triunfant (tornará a ser rica y plena, que dicen en Els Segadors) por un quítame allá ese documento episcopal sobre el terrorismo, documento españolista -dicen-, secuestro político de la conferencia episcopal que paga Aznar con estipendios y concertaciones en la enseñanza. Buen rebote han pillado estos obispos y, desmarcados o fuera de juego, chutan a su bola y han metido otro balón (u más) en un partido de locos aprovechando que no hay árbitro en este césped de grama, cizaña y buena alfalfa que las acémilas agradecen; buena panza tienen ellas. Los obispos son pastores. Los pastores trabajan por cuenta ajena. El rebaño no es suyo. Pero, al igual que los pastores de merinas y borregas, al pastor episcopal ajustado a jornal divino parece que se le tolera que intruduzca en el rebaño «la escusa», esto es, derecho secular a un pequeño hato de cabezas -treinta, cincuenta- de su propiedad, hato a partir del cual quizá un día logre, como ha sido costumbre, independizarse con su propio ganado, ir por libre, desentenderse del gran rebaño y largarse por su veredita diciéndole al ganadero ahí te las den todas. Así que eso de la universalidad católica es cosa del limbo de los cándidos, pues en la realidad pintan espadas y fronteras. Estos obispos no quieren ser ajenos al poder temporal y, así, pervirtiendo la doctrina, han conseguido finalmente que su reino sea de este mundo. Lo suyo es la esclusa y la escusa.

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