Diario de León

Max Cotilla Con el corazón en la mano

Llora Maruja, la separá

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León

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María Jiménez, a la que llaman Maruja en casa, y está separá de Pepe, llora como una magdalena en la presentación de su libro, basado en un canalla de batalla, que escribió, otra, no por dinero, sino por autoestima. La cosa va de recuerdos que, por cierto, no le han gustado nada a su ex que considera al libro un epitafio para su doble matrimonio. «No la perdono», dice el que niega ser canalla, inmerso como está en una batalla de sentidos sentimientos. «No soy tan malo», «Ella tampoco es tan buena», «No me pilló con otra», que se chinche, y cosas por el estilo, hasta concluir con un «esto no hay quien lo arregle» y se queda pensando en la venganza en las páginas finales de la revista que saluda. Antes, más bien un poco antes, la otra, Maruja, llora y un poquito anteriormente, para situarnos en las páginas centrales, Maruja sale con otras dos femeninas y elegantes señoritas, a saber: Ana Obregón, de verde pistacho y «compeltamente sola»; Norma Duval, de blanco barranco y sin poder recordar este año con felicidad; y ella, María, de negro, con sombrero de leopardo, una copita de champán y el sufrimiento por dentro. Luego se cambian y Norma se pone de largo con hojas verdes y marrones, María de naranja y de blanco y Ana con jersey, también para caerse en el barranco toda vestida de blanco. Así porque llega la Navidad, pero también para decir frases como «lo que vale dinero es barato», frase de la Obregón. Pues eso, que llega la Navidad, asíq ue preparen las cenas, las rifas, los regalos, el marisco, que seguirá sin ser gallego como todos los años; el lechazo, la lombarda y el vino. Sobre todo el vino. Aunque si hay que hacer honor a la verdad, el recorrido por las páginas que laten nos trae una exclusiva del amor. Es Jezulín con Marijose en la portada de la que saluda, y por dentro, que es donde dicen las cosas más profundas. Dieciocho páginas centrales, 18, para el mensaje que nos aporta esta dulcísima pareja. Que se han ido de Ambiciones porque quiere intimidad; están esperando una niña; en marzo vuelve a los toros; mi padre tiene diabetes, pero ninguna vena obstruida; no me casé embarazada (esto lo dice Marijose). «Yo no soy machista», dice él; «Mi marido es un machista», dice ella. Total que nos da igual y salen mirando al monte y bajo el árbol de Navidad, puesto bajo los toros. Tempraneros ellos y aburridos nosotros, nos vamos a la revista semanal. Allí, Mariugenia afronta sus primeras navidades separá. Todo un reto al que ha de enfrentarse la duquesa de hacienda, por lo de Montoro. Ella, navideña, dice que prefiere las playas del Caribe; le gusta la ropa cómoda y las joyas sencillas. En eso se parece mucho a mí, que también tengo el gusto por las joyas, pieles y demás, pero de corte sencillo y natural, a ser posible de visón. Nada de boato, que no queda fino, aunque a veces mole y, sobre todo, nada de recargos, que ya tenemos bastante con el IVA. En esas andábamos cuando nos topamos con la revista que se lee y en ella, nada menos que Manu Tenorio enamorado. Aunque haya sido un niñó muy apegado a su madre, la cosa ahora es bien distinta, porque Marisa Jara, como no, una modelo, no es su mamá. Ella es su amor. Mientras tanto, Tenorio se pregunta dónde está la ética y la seriedad, que es lo mismo que se pregunta la Humanidad desde tiempos inmemoriales. Aquí no, dice el coro griego. Allí tampooocoo, dice el eco. Guzmán mira sorprendido hacia mi cara y yo le digo: ¡Cuidado con Internet! Y así mirando y leyendo las noticias de la vida, Rocíito y Fidel siguen su año de tensiones. Sin parar, sin inmutarse, juntos, y en la portada de la del horario corto. La cosa podría quedarse aquí si no fuera porque Zapatero ha besado a doña Botella. La besó porque ella lo conquistó, dice la del horario. Para mí que eran peticiones del oyente o la repera. No sé si me entienden. En cambio, Isabel Pantoja, viviendo al día; la Preysler esperando a su nieto y allí, en Palencia, el primo de Rainiero pariente de Carolina. Y yo leyendo averiguando que Harry el sucio es un príncipe británico. Y así todo. No es de extrañar que me vaya donde Boli o donde Sebi. O donde Pepín, o a ca Kike, en la carretera.

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