Diario de León

Shafiqullah Khalim | Ex secretario del embajador de Egipto en Kabul

"Ya nadie muestra lo que pasa en Afganistán, que es peor que lo de Ucrania"

Hermano del ex Fiscal General de Afganistán, secretario del embajador de Egipto en Kabul y residente junto a toda su familia en una vivienda en el barrio con más edificios gubernamentales de su país, Shafiqullah Kalim lleva seis meses refugiado en León junto a su mujer y sus cuatro hijos tras huir del país después de que los talibanes tomaran el poder en el mes de agosto. Toda su familia afgana vive protegida en distintos países.  

FERNANDO OTERO

FERNANDO OTERO

León

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Shafiqullah Kalim es afgano, ex diplomático, tiene 33 años y desde hace seis meses vive en León con su mujer y sus cuatro hijos —una niña y tres niños de 7, 6,3 y 1 año de edad— gracias al programa de refugiados de San Juan de Dios. Kalim es miembro de una familia de diplomáticos. Su hermano, Zabihullah Kalim, ex Fiscal General de Afganistán, estuvo refugiado en León durante seis días tras huir del país después de que los talibanes se hicieran con el poder en Afganistán en agosto de 2021. Días más tarde se trasladó a otro país. El ex fiscal general fue evacuado de Afganistán junto a su familia por las autoridades españolas en un operativo conjunto en el que colaboraron efectivos norteamericanos. «Mi hermano tenía mucho poder político en Afganistán, era un alto cargo antes de que los talibanes entraran y se hicieran con el control del país».

Toda la familia del ex Fiscal General vivía en la misma casa, un edificio gubernamental en Wazir Agbar Khan, un barrio diplomático sede del gobierno con decenas de embajadas de diferentes países. «Era una vivienda grande, con catorce habitaciones. Allí vivíamos todos, cinco hermanos, una hermana, mi padre y mi madre, excepto un hermano pequeño». Shafiqullah era secretario del embajador de Egipto. «Estudié periodismo en Egipto, pero en Afganistán esta profesión no vale nada, no da de comer, no es una buena carrera. Por eso acabé la carrera de política en Islamabad, capital de Pakistán».

La entrevista con Shafiqullah se desarrolla con la ayuda de una traductora. Habla seis idiomas, entre los que se encuentran carios dialectos de Afganistán, urdu, uno de los idiomas de Pakistán, farsi, el idioma oficial de Irán, inglés y árabe. Ahora está aprendiendo español. El encuentro se produce en el piso en el que vive protegido por el Programa Internacional de San Juan de Dios. Rechaza fotografiarse con su mujer, que está en la casa y a la que no vemos, pero escuchamos al dirigirse a uno de sus hijos menores. Asegura que tiene miedo de que los talibanes puedan tomar represalias contra la familia de ella, que sigue en Afganistán. «Yo puedo salir, pero a los talibanes no les gusta que aparezcan las familias en las fotos, hay que tener cuidado».

A Shafiqullah Kalim y a toda su extensa familia la vida les dio un vuelco de 180 grados hace seis meses. De vivir en dormitorios tipo suite , con todas las comodidades, en un edificio gubernamental, a dispersarse por distintos países del mundo para salvar la vida.

«Hubo un atentado con coches bomba en el barrio. Es el método que suelen utilizar los talibanes. Primero atacan con granadas, luego utilizan los ataques suicidas con coches bomba y a partir de ese momento sabíamos que teníamos exactamente cinco minutos para escapar. Nosotros, toda mi familia que vivíamos en la misma casa, pudimos escapar. Tuvimos esos cinco minutos porque nuestra vivienda estaba al final de la calle y salimos rápido. Otros no tuvieron la misma suerte».

Control talibán

El 15 de agosto, los talibanes tomaron el poder en Afganistán, un giro dramático en el país que comenzó cuatro meses antes, cuando el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció la retirada de las tropas americanas. La ofensiva militar de los talibanes barrió el país en pocos días y terminó con la huida del presidente, Ashraf Ghani. En su último informe, Amnistía Internacional destaca que «durante la toma del país por los talibanes se desencadenó una oleada de homicidios de represalia. Miles de personas, en su mayoría hazaras chiíes, fueron desalojadas a la fuerza de sus hogares. Bajo el gobierno talibán se produjo un brusco retroceso en los limitados avances logrados con respecto a los derechos de las mujeres. Los talibanes recortaron sustancialmente los derechos a la libertad de reunión y de expresión. El acceso a la salud, ya gravemente comprometido por la pandemia, se vio menoscabado aún más por la suspensión de la ayuda internacional».

Shafiqullah Kalim recuerda la huida de su familia como la peor pesadilla a la que se enfrenta un ser humano. «En nuestro barrio vivía el hermano del presidente del país, había gente con cargos políticos importantes. Los talibanes atacaron porque sabían que vivía mucha gente con mucho poder. Nosotros sabíamos que después de los atentados con coches suicidas entraban a las casas para sacrificar a los residentes. Mi objetivo era reunir a toda la familias para escapar juntos. Escapamos en cinco coches con protección antibalas. La puerta de la calle también estaba fuertemente blindada. Cuando nosotros salíamos por la puerta de atrás en los coches, ellos entraban por la entrada principal. De nuestra familia nadie salió herido, aunque yo tenía marcas en los brazos de los cristales rotos por el ataque suicida. Después nos enteramos de que hubo 25 muertos en mi calle y diez días después nos enteramos de que tomaron el país, algo que nunca creímos que fuera posible».

Claro que me gustaría volver, pero ahora es imposible. Afganistán ahora es un país muy peligroso. Los talibanes entran a las casas por las noches y sacrifican a las personas que trabajaron con el sistema

Tres días después de ese ataque, el gobierno español desalojó de Kabul a su hermano, el ex Fiscal General del país, que llegó a España para refugiarse en León durante seis días con el programa de protección de Cruz Roja. «Vino en un vuelo directo a España en un avión militar, con más gente de alto poder político, y después se ha trasladado a Nueva Zelanda. Por eso nosotros estamos aquí, porque él llegó unos días antes».

Shafiqullah Kalim asumió la responsabilidad de poner a salvo al resto de la familia. «Nuestro principio era que salíamos todos o nadie se marchaba del país. Llevé a mi hermano a la zona de seguridad que me indicaron los soldados afganos y los españoles. Como tenía contactos en las embajadas y conocía muy bien todo Afganistán pude pedir ayuda. A mi hermano lo trasladaron a España y a otro hermano que trabajaba en la embajada de Finlandia lo acogió el sistema filandés. Yo me quedé con el resto de mi familia, mis padres, mi mujer y mis hijos. Nos acogieron unos familiares que nada tienen que ver con la política y después nos trasladamos a la frontera de Pakistán. Había miembros de mi familia que no tenían visados para entrar y tuvimos que pagar por ellos. Cuando entramos en Pakistán me dirigí a la embajada española en Islamabad. Gracias a nuestro trabajo conocíamos a mucha gente de España. Mis padres, dos hermanos y una hermana se quedaron en Pakistán. A nosotros nos dieron a elegir entre España o América. Preferimos España. Antes de que los talibanes entraran en el país teníamos relación con españoles y conocíamos sus costumbres y su cultura y nos sentíamos muy próximos a lo que iba a ser nuestra futura vida en España. En todo este tiempo nunca me he arrepentido de haber elegido España».

«¿Que si quiero volver? Claro que quiero volver, pero si estáis al tanto de lo que pasa en Afganistán veréis que es imposible. Lo que está pasando en Afganistán es peor que lo que pasa en Ucrania. Aquí estamos viendo las imágenes de la guerra en Ucrania, pero ya nadie muestra lo que está pasando en Afganistán. Da la sensación de que todo está tranquilo, pero eso no es así. Los talibanes entran a las casas por la noche y sacrifican a la gente que han trabajado con el sistema afgano. Los americanos hacen como que no pasar nada, pero hay muchos sacrificios clandestinos. Ahora Afganistán es un país muy peligroso. No sé cuando podré volver. Quizás en el futuro, si se tranquilizan las cosas, volveré».

Desde los primeros días de llegar a León disponen de tarjeta sanitaria y residencia. «Lo tramitó todo la abogada de San Juan de Dios y no tardó más de quince días. Estoy muy agradecido a lo que están haciendo por nosotros. Desde el tercer día de llegar mis hijos asisten al colegio y nosotros estamos estudiando español. Mis hijos se han adaptado muy bien. Aman de manera increíble a sus profesores. No han tenido ninguna dificultad y nos sentimos como en casa. No nos arrepentimos de elegir España y no echamos de menos nada de América».

De momento, el programa de refugio y asilo le garantiza la vivienda. «Ahora me van a dar el permiso de trabajo y me preocupa no encontrar una vivienda cuando pasen estos seis meses porque no somos españoles y todavía no tenemos empleo. No quisiera mudarme de este barrio porque mis hijos están contentos en el colegio y a nosotros también nos gusta. En cuento tenga la documentación para trabajar espero tener suerte. Yo siempre he trabajado en la administración, tengo estudios universitarios y hablo seis idiomas. Lo que pase a partir de ahora me preocupa».

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