No hará falta esperar a los eclipses previstos en el nuevo año para confirmar

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León

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l. urdiales

rLo suyo sería elegir a Capra para alentar la creencia de que desde el 1 de enero las cosas van a ir a mejor; si no fuera por esta inflación desbocada que encarece la esperanza, mirar al cielo, cerrar los ojos, y, al abrirlos, estimar que el destello de ese cometa brillante que ha puesto rumbo a la Osa Mayor, porta buenos augurios de cara a la vida que debe desenvolver el hombre blanco, en plena involución, con la primera generación que va a desenvolverse peor que la anterior; bastante peor.

Las señales están escritas en el cielo, igual que en el guión de Qué bello es vivir se daba rienda suelta a la grandeza humana y a los finales felices. El año de los tres patitos sale por la gatera, como un mal recuerdo que al despertar del Año Nuevo regalará el sabor ahogado de las pesadillas, en la mala sensación que deja el despertar mientras se supone que hay margen de mejora. Si las señales celestes alentaron desde la antigüedad los subidones anímicos y las depresiones colectivas que explican los giros de la humanidad, este calendario que se estrena en poco más de una semana alberga una docena de eventos astronómicos que bastarían para embelesar a los sabios más notables de las tribus. Esta que formamos no se va a quitar el miedo del cuerpo por las dos llamadas a las urnas, que en primavera y finales de otoño debe redefinir el consejo de jefes. Con horas suficientes por delante para saber a esa altura de cuenta atrás qué resultado habrá aportado al cambio el año del Conejo, con el que el país más poblado del mundo va a interpretar sus pasos de aquí en adelante.

Dicen, que es un decir, porque es de los pocos datos certeros que se manejan para lo que viene, que en octubre habrá un eclipso solar en forma de anillo de fuego; de fuego, como el fuego que abrasa la concordia y hace ceniza el poder adquisitivo de los pobres, chamuscados en medio de este fracaso colectivo que arruinó, más, 2022, por esa suposición mal concebida de que todo lo que toca fondo sólo puede ir hacia arriba.

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2023 es 2022 con otra terminación, para que la pedrea llegue a alcanzar a los pocos privilegiados que se han logrado mantener a flote. Con el cambio de año, las cosas pueden empeorar. Ni Frank Capra está al volante, ni León es Bedford Falls.