Diario de León
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León

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josé enrique martínez

Con el poemario «Después de tanto arder» consiguió Soledad Álvarez el importante premio Casa de América de Poesía Americana. La poeta dominicana había publicado hasta el momento tres libros de poesía: «Vuelo posible» (1994), «Las estaciones íntimas» (2006) y «Autobiografía en el agua» (2015). Como puede observarse, sin apresuramiento, la poeta dominicana fue madurando y cociendo cada nueva entrega. En «Después de tanto arder» emerge una voz que da cuerpo verbal a la mujer casada, más bien sacrificada, la que diaria, tediosa e incansablemente entra en ese «Bodegón» en el que el sol ilumina los alimentos sobre la mesa de la cocina; pero «la mujer casada no ve la belleza del bodegón»; es para ella el cuadro repetido que se dibuja en una sonrisa que disimula su vacío; y cuando recuerda los años de enamoramiento, entre sus manos que lavan y friegan brota «la espuma del cansancio»; sabe que las palabras movidas por el deseo y la pasión no fueron más que ficción, como fue ilusión el amor; la muchacha de ayer es hoy mujer sin horizontes, sin descanso, que ha dejado su pasado en «el trastero de los recuerdos» y que apenas disfruta de un pequeño rincón para dar pábulo a la memoria. Pobre paráfrasis es esta para unos poemas cuya eficacia estética conmueve y espolea la conciencia. «Bares y boleros» se titula la segunda serie de poemas; las letras de tangos y boleros resuenan en la memoria y como telón de fondo de «los bares donde vuelvo para no olvidarme», bares en los que brotó la pena de despedidas y abandonos, amores y desamores. En la serie final de poemas aparece la conciencia solidaria de la poeta: el amor que no conoce fronteras, el «Amor humanidad», como se titula un poema, sufriendo con los migrantes y los refugiados, sean guatemaltecos, sirios o mujeres afganas y somalíes, con «todas las vidas rotas» en cualquier lugar del mundo; también con «la tierra herida por el hombre, sean los fuegos que arrasan la Amazonia o la Araucanía. No se olvida la pandemia en un poema que es una apuesta por la vida, ni las imágenes trágicas de la guerra de Ucrania. Sí, es un “tiempo oscuro” en el que resulta difícil escribir «el poema luminoso del amor que salva». Quiero destacar, finalmente, «El secreto de María Zambrano», rememorando su vida en La Habana, «la luz de su misterio» y «sus ojos que ven lo invisible»; la filósofa-poeta «siente el pensamiento y alcanza la razón poética / la revelación del saber acerca del alma».

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