Diario de León

Nueva terapia en León para frenar intentos de suicidio reincidentes

El Teléfono de la Esperanza implanta Supera. Por cada persona que se quita la vida —medio centenar al año en León— otras seis lo intentan y sobreviven. El 50% vuelve a intentarlo. La terapia Supera trata de frenar la reincidencia.

León

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Ayudar a una persona que tiene en la cabeza la idea de suicidarse no es tarea fácil. «Hay gente con la que pasar una hora es todo un logro», asegura Marta Domínguez, psicóloga voluntaria del Teléfono de la Esperanza de León. Es la primera voluntaria de esta entidad que se forma para aplicar la terapia Supera, una novedosa herramienta que se ha puesto en marcha con éxito en el País Vasco.

Marta Domínguez, lo tiene claro: «La mejor prevención del suicidio es la formación». Una tarea en la que esta entidad especializada en la atención a esta problemática social pone todo su empeño. Todos los trimestres convocan talleres enfocados al cuidado del bienestar psíquico y la autoestima. Trabajan la salud emocional como un factor de protección.

Pero el teléfono suena periódicamente con llamadas de personas que tienen ideas suicidas, están en una crisis o en plena acción suicida. «En estas situaciones intervenimos, pero no teníamos terapias a largo plazo», explica la psicóloga. Muchas personas expresan situaciones de las que antes no se hablaba. El caso más llamativo es el de la disforia de género.

Supera tiene como premisa que las personas participen voluntariamente. Ha sido diseñada por Alexander Muela y Jon García-Ormaza, expertos en Psicología y Neurociencia. La terapia se basa en que «el suicidio es una conducta y, como tal, es aprendida y se puede modificar», apunta la psicóloga leonesa, que ha sido la primera en formarse en el Teléfono de la Esperanza de León. ¿Cómo se modifica esa conducta? «Haciendo a la persona responsable, no de la conducta en sí, porque no es culpable, se trata de que se implique», explica.

En la terapia se trata de averiguar cuáles son los factores de vulnerabilidad de las personas que hacen que acontecimientos vitales estresantes —pérdida del trabajo o problemas económicos, abandono de la pareja o rupturas, duelos por fallecimientos...— puedan ser el desencadenante de una conducta suicida. «Son situaciones que pueden pasar a cualquiera, pero no todas reaccionamos igual», puntualiza.

Durante ocho sesiones individuales, la persona tiene que implicarse activamente en una serie de pasos que suponen ponerse frente a la situación y visualizar las opciones que hay para afrontarla. Uno de los factores que se consideran como freno de la conducta suicida es la conectividad con un grupo social, el acceso al médico de familia o a las urgencias. «Cuando a la gente le falla esta conectividad idea un plan, piensa en días, en métodos para llevarlo adelante, se sienten solos y ya no tienen miedo a la muerte», explica la psicóloga.

En segundo lugar se trabaja el afrontamiento. Cómo gestionar las emociones y afrontar las frustraciones. Las personas que participan en la terapia van abriendo estas puertas para ponerse frente a los mecanismos que subyacen bajo la conducta suicida. «Las personas que se encuentran en esta situación tienen un dolor mental terrible y no encuentran más alternativa que la gestión de la muerte».

Se estima que el 50% de las personas que sobreviven a un suicidio vuelven a intentarlo e incluso en 25% de las que asisten a una terapia. «Son datos escalofriantes que los pacientes tienen que conocer y tomar conciencia de que para salir adelante tienen que comprometerse», señala la psicóloga.

Y es que detrás de estas conductas se encuentra otro problema del mundo contemporáneo. «La baja tolerancia a la frustración a veces es la clave de la gente que quiere morir», apunta. Otra de las claves de la terapia Supera es afrontar las ideas de muerte sin patologizarlas. «Todos tenemos ideas de muerte y no pasa nada. También tenemos ideas de vida. El problema es si nos fijamos solo en las ideas de muerte», dice la psicóloga. En la terapia se trata de gestionar estas ideas, tomar conciencia y saber qué hacer con ellas.

Se busca que la persona «sea consciente de lo que tiene y qué puede hacer con ello». La idea de libertad de elegir que reclaman muchas personas la vincula esta psicóloga a la posibilidad real de elección. «Somos libres si elegir. Si no podemos elegir no eres libre. Cuando tienes un abanico de soluciones y eliges una, siempre está bien. Pero sí solo tienes una opción, no es la válida. Es un error».

La psicóloga se ha formado en Bilbao dentro de un programa para personas voluntarias del Teléfono de la Esperanza a nivel nacional. Allí se lo ofrecen a todas las personas que han intentado suicidarse y se desarrolla en diferentes sesiones que imparten psiquiatra, especialista en psicología y enfermería. La terapia Supera implica muchos deberes para el paciente «para que tome conciencia de cómo trabajar y qué hacer», apostilla. «A todo el mundo le pasan cosas, pero no todo el mundo elige suicidarse», apostilla.

A las personas que están en crisis suicidas se les muestra herramientas de gestión emocional para aprender a soportar el dolor. «Una vez que das ese paso puede ir viviendo la vida como viene. Más importante que lo te pasa es cómo enfocas las cosas», asegura la psicóloga.

La formación es clave. «Es lo que más ayuda damos desde el Teléfono de la Esperanza. En las llamadas contienes, pero la formación da a la gente el empoderamiento que necesita» ante las situaciones de la vida. Es una de las grandes tareas de esta organización con más de medio siglo de experiencia en España y que ha sacado a la luz el problema del suicidio para afrontarlo también como sociedad. El Teléfono de la Esperanza de León programa cursos trimestrales. «Damos educación emocional, que es salud emocional y salud mental».

Marta Domínguez llegó al Teléfono de la Esperanza de León en 2018 para asistir a un taller de mindfulness. «Me interesaba tener herramientas para afrontar las conductas disruptivas en clase pensando que centrando la atención de los alumnos mejoraría el ambiente en el aula», recuerda.

Nunca pensó en ser voluntaria, pero «a las cuatro semanas de hacer un taller ya sabía que esto funcionaba y me quedé». Terminó la carrera de Psicología y se ha convertido en la voluntaria de referencia para la terapia del suicidio, aunque poco a poco la formación se ampliará a más voluntarios del Teléfono con la idea de que las sesiones no recaigan sobre la misma persona. Cuando se enfrentó al primer caso de una persona que había intentado suicidarse y salió adelante, después de cuatro meses, se dijo que aquello merecía la pena.

Domínguez ve imprescindible llevar la formación a los colegios. «Se está empezando, los docentes se están esforzando mucho». Y es que una idea que hay que modificar en muchos casos es que «la vida es maravillosa, pero duele». «Cuando no se puede con el dolor psicológico, que te acojan es el principio de poder superarlo», añade la psicóloga.

La tolerancia cero a la frustración a veces hay que buscarla en la infancia. «La sobreprotección es peligrosísima. Los niños tienen que aprender que no se puede tener todo y todo a la vez», subraya. Cuando se intenta paliar la frustración por un suspenso, por ejemplo, con un aprobado no ganado «nunca se verá capaz» y no verse capaz está en la raíz de la falta de autoestima. «La vida es la vida y cómo la vemos depende de las gafas que nos ponemos», aclara la psicóloga.

En 2022, el Teléfono de la Esperanza atendió un total de 183.108 demandas de ayuda a nivel nacional, el 37,9% de ellas por problemáticas de tipo psicológico y psiquiátrico, lo que suponen 75.153 personas.

Dentro de las peticiones de ayuda de tipo psicológico y psiquiátrico, 15.746 se relacionan con estados deprimidos, 15.352 con problemas de ansiedad y 8.365 con trastornos mentales.

En León, en 2022 un total de 43 personas llamaron al Teléfono de la Esperanza con ideas suicidas, otras 6 con lo que se califica como crisis suicidas y dos (un hombre y una mujer) estaban en la fase de la acción. Son más las mujeres que acuden al teléfono con ideas suicidas (25 sobre 18 hombres), lo que puede ser un factor de protección.

En la práctica, son más los hombres que las mujeres que se quitan la vida. En León, de las 17 personas que se suicidaron en el primer semestre de 2022, 13 eran hombres y cuatro mujeres. En 2018 murieron a causa de un suicidio en León 22 personas; 29 en 2019; 24 en 2020 y 25 en 2021.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa más alta de mortalidad por suicidio por edades y sexo en Castilla y León está en los hombres de 95 y más años con 89,4 casos por 100.000, Por detrás va el grupo de hombres de 80 a 84 años con 38,3 casos por 100.000; los hombres de 60 a 64 años arrojan una tasa de 24,1; los de 70 a 74 años, 21,6; los de 75 a 79, 19 casos por 100.000; los de 50 a 54 están en 17,8 casos por 100.000; los de 45 a 49 en 17; los de 54 a 59 años, 16,8; los de 65 a 69 años tienen una tasa de muertes por suicidio de 15,8 y los de 40 a 44 en 14,8.

Entre las mujeres, la tasa más alta de muerte por suicidio está entre los 45 a 49 años con 9,9 casos por 100.000, seguida de las 50 a 54 con 9,6 y las que tienen entre 30 y 39 años con una tasa de 8 por 100.000.

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