El legado de Ibáñez
l Fue el ‘padre’ de Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio y Mortadelo y Filemón

daniel
josé oliva / efe / dl
Los agentes de la T.I.A. Mortadelo y Filemón fueron su creación más popular y más leída, pero el historietista Francisco Ibáñez, fallecido la semana pasada en Barcelona a los 87 años, tuvo otros «hijos», como él les consideraba, entre ellos Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, el Botones Sacarino o la peculiar comunidad de la 13 Rúe del Percebe.
LA FAMILIA TRAPISONDA, UN GRUPITO QUE ES LA MONDA (1958-1968)
Debutó en la revista Pulgarcito en el número 1418. Es una serie sobre una familia de clase baja y su animal de compañía, cuyas desventuras suceden habitualmente en el hogar, un tercer piso de un bloque de una gran ciudad, que podría tener paralelismos con familias similares de la escuela Bruguera como la familia Cebolleta de Manolo Vázquez.
Sus protagonistas son Pancracio, un oficinista, bombero en las primeras entregas, calvo y con bigote; su esposa Leonor, ama de casa; su travieso hijo Felipín; y su estudioso y empollón sobrino Sabihondín; así como una criada, Robustiana, emigrada del pueblo, que desapareció al poco tiempo.
13, RUE DEL PERCEBE (1961-1968, 2002)
Se trataba de una macroviñeta que ocupaba toda la página en la que Ibáñez destilaba su hilarante humor a partir de los ocupantes de los apartamentos y la tienda de un edificio.
En la planta baja se sitúan el Colmado de don Senén, un tendero pícaro que engaña a sus clientes; la portería, ocupada por una mujer con moño, chal, delantal, falda oscura y escoba; el ascensor y la alcantarilla, donde vive Doroteo Hurón.
En la primera planta se encuentran un veterinario y la dueña de una pensión abarrotada de inquilinos; y en el segundo piso viven una anciana de la protectora de animales, siempre acompañada de mascotas normales como perros o gatos y de otras más estrambóticos como elefantes o ballenas, y un inquilino cambiante, desde el inicial científico loco.
El ladrón Ceferino Raffles y una mujer con sus tres hijos pequeños son los ocupantes de la tercera planta, y en la azotea habitan Manolo, un pintor siempre perseguido por sus acreedores, que podría recordar al historietista Vázquez.
Esta historieta tuvo una nueva versión, 7, Rebolling Street (1986-1990) cuando Ibáñez salió de Bruguera y comenzó a dibujar para la Editorial Grijalbo.
EL BOTONES SACARINO (1963-1982)
El protagonista es Sacarino, botones del periódico El aullido vespertino, que posteriormente pasó a serlo del DDT. Sus escaqueos en el trabajo o sus juegos provocan los enfados del director de ediciones, el ‘dire’, o el presidente, gerente de la empresa editora, al que denomina el ‘presi’.
Los especialistas han visto paralelismos en Sacarino con el personaje francobelga Gaston Lagaffe o Tomás el Gafe, como se conoció en España, de André Franquin, y con el atuendo de Spirou.
ROMPETECHOS (1964-1978 Y 2003-2009)
El personaje de Rompetechos apareció por primera vez en la revista Tío Vivo de Bruguera en 1964.
El protagonista, el preferido de Ibáñez, según dijo en numerosas ocasiones, era un hombre bajito con miopía, como su propio autor, algo que provocaba toda clase de equívocos y situaciones cómicas.
PEPE GOTERA Y OTILIO, CHAPUZAS A DOMICILIO (1966-1970, 1985)
Debutaron en el número 260 de la revista Tío Vivo en 1966.
Los personajes principales son Pepe Gotera, el capataz, de poco ensuciarse y siempre con bombín rojo y bigote a lo Groucho Marx; y Otilio, el peón, con gorra y mono azul. Ambos nunca arreglan nada, sino todo lo contrario, provocan inundaciones, explosiones o derribos.
Como sucede con sus ‘hermanos’ Mortadelo y Filemón, el jefe siempre acaba recibiendo por los desastres del otro, y sus historias suelen concluir con una huida en carrera delante de un cliente enfadado.
OTROS PERSONAJES
Con un autor tan prolífico, que ha estado dibujando hasta el último momento, sus personajes son interminables: Chicha, Tato y Clodoveo (1986-1990), Tete Cohete (1981-1983), Doña Pura y Doña Pera, vecinas de la escalera (1966), El doctor Esparadrapo y su ayudante Gazapo (1965), Godofredo y Pascualino viven del deporte fino (1961), Felisa y Colás (1958), El Caballero Buscabollos (1957), La Familia Repollino (1956), Don Usura (1955) o Kokolo (1952-1958), la primera serie de historietas escrita y dibujada por Ibáñez para Ediciones Marco.
La editora de Ibáñez
Gemma Xiol, directora editorial de la División Infantil, Juvenil y Cómic de Penguin Random House, grupo editorial que publica las obras de Francisco Ibáñez, ha explicado que el autor «siempre nos decía que la muerte le pillaría trabajando, y así ha sido».
Xiol ha indicado que Ibáñez decía que «un día se lo encontrarían con la cabeza caída estrepitosamente sobre el tablero de dibujo», y en este sentido ha dicho que el dibujante, fallecido a los 87 años, les entregó hace poco la última aventura de Mortadelo y Filemón y «ya estaba trabajando en la siguiente».
Ibáñez «trabajaba noche y día, literalmente, y nos explicaba que a veces tenía una idea a las tres de la mañana y no podía no ir al tablero y dibujarla para acordarse», ha detallado Gemma Xiol, que ha valorado que «gracias a ese trabajo incansable ahora el legado que nos queda es inconmensurable, enorme».
Respecto a su capacidad de trabajo durante sus más de 65 años como dibujante profesional, la directiva de Penguin ha manifestado que en el caso de Ibáñez «todas las cifras son superlativas».
«Dibujó entre 15.000 y 20.000 páginas, 220 historias largas de Mortadelo y Filemón, además de todas las cortas, vendió más de 30 millones de ejemplares, solo en España, a lo que hay que sumar el éxito mayúsculo que sus aventuras tuvieron en Alemania, donde se sigue publicando, y sus obras se ha traducido a más de diez idiomas», ha precisado.
Para Gemma Xiol, Ibáñez fue «el gran genio de la viñeta, el autor y dibujante de cómic español más influyente de todos los tiempos, un autor enormemente prolífico y seguramente el más querido en lengua española».
Ha subrayado que Francisco Ibáñez «creó un estilo nuevo y su mirada del mundo ácida, mordaz quedó reflejada en sus páginas, junto con un trazo muy accesible para todos, pero también sofisticado, con mucho detalle y un sentido del humor realmente hilarante».
«Tenía un estilo único —ha agregado— porque miraba el mundo de una manera única y por eso conectaba con lectores de todas las generaciones, con su humor irreverente y a veces surrealista».
Para Xiol, «su influencia todavía pervive en las nuevas generaciones de dibujantes de cómic y así lo han expresado en estas horas de duelo muchísimos ilustradores, autores y, en definitiva, muchísimos artistas».
Ha destacado que a Ibáñez le gustaba abordar los temas que eran importantes para la gente en cada momento, pero al mismo tiempo conseguía que «su sentido del humor, sus ‘gags’, sus guiones siempre fueran vigentes».
Ha señalado que Ibáñez «fue testigo del cambio de época en la industria del libro y su reivindicación respecto a los derechos de autor marcó un antes y un después, y evidentemente también contribuyó a que todo el colectivo de dibujantes de cómic gozaran de unos derechos que no habían tenido hasta ese momento».
Gemma Xiol ha recordado una anécdota con Ibáñez durante una comida del grupo editorial con autores de todos los géneros en una Diada de Sant Jordi justo antes de la pandemia. Al final de la comida, los autores se fueron acercando a Ibáñez para agradecerle su trabajo y su inspiración, y a uno de ellos se le ocurrió pedirle un autógrafo en una servilleta de papel.
«A todos los demás les pareció una idea genial y, de repente, se formó en esa comida una cola de autores de generaciones diversas esperando a tener su dedicatoria de Ibáñez», ha contado Xiol.
La editoraa señalado también que un autor como Ibáñez se merece todos los homenajes y que, tras un tiempo de duelo, «nos pondremos a pensar cuál es la mejor forma de homenajearlo».