Diario de León
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León

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josé enrique martínez

Víctor Ruiz Pozanco (Cantabria, 1998) es un poeta joven que, al parecer, tuve entre mis alumnos de Máster en Granada el pasado año. No es extraño, por lo tanto, el título de Cancionero del desplazado, de la capital cántabra a la ciudad de la Alhambra, aparte de otras posibles connotaciones. Estamos ante una voz nueva, diferente, tanto en los haikus como en poemas mayores. Los haikus, tan cultivados por los poetas hodiernos, sustentan su escasa materialidad en la intuición momentánea, entre otros aspectos que conoce Víctor Ruiz, el cual titula uno de ellos Satori: «Casa en ruinas. / Por una grieta, súbita / la golondrina». El satori es algo así como «el momento de la iluminación» que recrea el haiku. Resulta difícil sintetizar en pocas líneas un poemario lleno de sorpresas. Uno de los poemas se titula Mirando por la ventana; el poeta joven, en la soledad de su cuarto de estudio, encuadra a través de la ventana la realidad exterior, describiéndola o soñando: «Amor, ¿tú sabes / cuánto te extraño?». Ese amor del desplazado lo encarna la Dama que aparece en varios poemas. Lo peculiar reside en el contraste entre lo de fuera con el sentimiento interior en buen aparte de los poemas: un gorrión canta, «¿Y yo, a quién canto?». Lo cierto, en todo caso, es que las descripciones poéticas de la realidad exterior (calles, lluvias, vientos…) es muy eficaz estéticamente: «El viento / recorre afónico las frías calles / buscando qué arrastrar: marchitas hojas / que carraspeen su lamento…». Lo importante es que lo expresado en el poema alcance al lector, le haga vibrar; y Víctor Ruiz lo logra apartándose de la facilidad habitual en mucha poesía de hoy y alzando una voz en que prima la personalidad y la autenticidad. No queda espacio para expresar las razones por las que veo esta poesía como «una nueva manera de decir». Las más evidentes son los variados juegos de palabras, atraídas por afinidades fónicas o de otro tipo: «flojas hojas; obtuso en tu ímpetu, tú tumbas…; piar impío; alud de luz; trémula luz que emula a los querubes / e inmola al mundo en muda melodía»; y no quiero dejar de lado los juegos con la rima, las diversas «diabluras» como las llamaba Borges aludiendo a su amigo Lugones; ejemplos, entre otros, son la rimas de palabras como «gongs, son, salón, monzón, balcón, corazón…” o «domicilio, pervigilio, auxilio y Virgilio». No, no se perderá esta voz nueva en el tumulto versificador del presente.

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