Más manos ocasionales para el campo
Sonia Castro, primera mujer al frente de Ugal -Upa, y Noelia Aparicio, echan en falta en León una empresa que

Sonia Castro, en su granja de 35.000 pollos en Santibáñez de Valdeiglesias. RAMIRO
Ni vacaciones, ni bodas, ni operaciones quirúrgicas, ni fines de semana. Todo se complica en el campo. Las ganaderas Sonia Castro y Noelia Aparicio coinciden en la necesidad de que la provincia de León cuente con una agencia o empresa que cree empleo en el sector y sirva de apoyo eventual a las familias que lo necesiten. «Antes en los pueblos había mucha gente que tenía vacas y los vecinos se ayudaban para ordeñar al ganado, pero ahora estamos una familia dedicada a esto en cada pueblo y no podemos ausentarnos nunca». Noelia Aparicio tiene 51 años. Es la titular de la explotación de una ganadería de ovino de leche con 700 ovejas, que comparte con su marido, que es el titular de la producción del terreno en La Milla del Río, un pueblo de unos 440 habitantes. «La idea se fraguó hace 19 años pero las ovejas las tengo desde hace 17. Me casé y nos vinimos a vivir aquí, al pueblo de mi marido. Él era panadero, pero dejamos la panadería y tomé la decisión de las ovejas. Empezamos de cero. Compramos el terreno y descartamos las vacas porque en ese momento había cupo y no salía rentable. También descarté las cabras porque de pequeña tuve un susto con una y me daba miedo».
Duro trabajo
En todos estos años el matrimonio ha compartido trabajo. Mucho trabajo. El campo no conoce ni concede tiempo para el descanso. «Yo creo que las necesidades de los hombres y las mujeres, en este momento, son las mismas. Tengo una hija de 28 años y un hijo de 25. Cuando nacieron no había ni guarderías ni programas de madrugadores. Además, esos programas están enfocados para los trabajadores por cuenta ajena. Pero la ganadería necesita que se le dediquen los 365 días del año y las 24 horas del día. Alguna vez les expliqué los deberes por teléfono, ellos en casa y yo en el campo». Hay que ordeñar todos los días. «Estamos en el campo pero tenemos mucho estrés» en un sector «que no encuentra relevo generacional. Estas condiciones de trabajo condenan a la gente joven». Por eso defiende la puesta en marcha de una agencia que cree empleo y facilite brazos a las explotaciones que lo necesiten puntualmente, como en caso de una intervención quirúrgica, asistir a una boda o coger unos días de vacaciones. «Nuestras vacaciones son de tres o cuatro días al año y porque nuestros hijos se quedan al cuidado. Este negocio no da para contratar a un obrero todo el año y sería una manera de generar empleo y garantizar el relevo generacional».

Paula Fernández Hernández y Sara Celia García, premios Mujer Rural 2023. DL/ QUINITO
Sonia Castro es la primera mujer en presidir el sindicato Ugal-Upa. Coincide con Noelia en la necesidad de apoyos puntuales «para poder coger unos días de vacaciones, por ejemplo. En las explotaciones de ganado es muy difícil descansar, porque hay que ordeñar todos los días y si lo hace alguien que no sabe se puede reducir la producción». Sonia asegura que ella lo tiene más fácil. Comparte titularidad con su marido de una granja de 35.000 pollos desde el año 2020, en plena pandemia, y una explotación de secano y regadío. «Los servicios más deficitarios son la sanidad, la educación, el ocio y las infraestructuras de internet. «En los pueblos hay problemas con la red, se corta mucho». Y ya no queda ni bar. «Hay un centro social, médico dos días a la semana, pero si tiene guardia no va y si está de vacaciones pueden pasar quince días».
Sonia y su marido tienen la explotación en Santibáñez de Valdeiglesias, pero viven en Veguellina de Órbigo porque tiene más servicios. «Mis hijos tienen 12 y 16 años y nos hemos arreglado con los padres y el colegio. También los hemos llevado con nosotros al campo. Si estamos mi marido y yo nos arreglamos, pero ir de vacaciones es imposible».